La Ingeniería Electrónica en todas las Ramas Industriales – Parte XXXV

Por Pablo Enrique Alcántara Vega*

De vuelta en Maturín, Gary que seguía dedicado a ventas, me comunico que estaban a punto de conseguir un contrato millonario con la Corpoven, a cambio de diez módulos de adquisición de datos y nuestro avanzado sistema de computación que nos hacía únicos. Los diez módulos estarían asignados a diez taladros diferentes. La competencia con las otras grandes compañías de servicio fue dura, pero ganamos.

Recuerdo que Gary me llamo por la radio, estaba en camino desde Anaco, y me llamo para que organizara un asado para celebrar. Le encargue a Charlie que fuera por lo necesario para el asado; cuando Juan llego y vio el ambiente festivo, me pregunto con tono desaprobatorio: “¿qué está pasando?”. Le explique brevemente y moviendo la cabeza se alejó murmurando, “esto está mal” con todo el aire dramático que su maestro y guía, el Cochero lo hubiese hecho. Cada día se parecían más. Trate que eso no afectara el momento agradable que estábamos pasando. Sin embargo, a pesar de su desaprobación, luego que Charlie sirviera el asado, se apareció, y se sirvió un poco de asado y el solo se aisló en una esquina de la mesa. Nadie se le acercaba, nadie le saludo y al irse, nadie se despidió de él. No estoy seguro cual sentimiento predomino en mí al ver esa actuación, lastima, indignación o asco, pero de seguro no fue nada bueno.

Gary me comunico que tendría, que contratar al menos tres técnicos más para poder instalar, desinstalar y hacer mantenimiento a estos diez módulos. Al igual que la vez que contratamos a Charlie, vinieron recomendados por gerentes de Lagoven y Corpoven una serie de candidatos cuya especialidad tenía muy poca o ninguna relación con la especialidad que estamos pidiendo. Y por supuesto, se aparecieron otra vez un par de energúmenos para “sugerirme” fuertemente a sus recomendados. Hice lo mismo que con Charlie y tome a los que mejor respondieron en la prueba de selección. Así, Juan Bautista, Leonel y Simón, se sumaron a nuestro departamento. Al igual que a Charlie, les advertí antes de firmar que el petróleo trabaja 365 días al año y 24 horas al día. Los tres aceptaron el reto.

Me toco llevarlos al pozo para enseñarles in situ, nociones de seguridad, detalles técnicos, protocolos, etc., etc. Tuve que ir varias veces. En cada reunión, para variar Juan expresaba su malestar porque los nuevos técnicos, se tardaban más de lo calculado en la instalación o desinstalación de los módulos. Pero al mismo tiempo, se quejaba que yo fuera al pozo tan seguido. Yo explique que por el salario que habíamos ofrecido, no se podía esperar técnicos con experiencia en el campo, y que era mi responsabilidad enseñarles la técnica de instalación y desinstalación, así como las normas que se manejan en el taladro, para que no se metan en problemas.

A Juan (Raco) eso no lo detuvo, cada reunión, era un concierto de quejas, contra los técnicos y contra mí, y sugirió que se me forzara a quedarme toda la semana en la oficina, y abiertamente sugirió, que yo estaba ganando demasiado dinero (¡Ja!). Nunca le preguntamos cuanto ganaba el, ni por cuanto era el arreglo de renta de automóviles que tenía, ni otros negocios relacionados con la compañía y de los cuales solo él se encargaba. Tener a Raco en la oficina, era como tener al Cochero. Sin embargo, notamos que gradualmente Cochero fue perdiendo influencia en Venezuela, y Gary fue ganándola. Tal vez por el sórdido asunto de los levantados, o quizás porque el Cochero estaba entonces más involucrado en una posible venta de módulos similar a la de Corpoven, pero en México. De todas formas, fue un alivio tenerlo lejos. Con Raco haciendo las veces de Cochero, bastaba y sobraba.

Los nuevos técnicos eran buenos, pero tenían diferente personalidad; Juan Bautista era el más flemático de los tres, Leonel era también talentoso, pero le costaba asimilar las limitaciones que una compañía de servicios como la nuestra, tenía en cuestiones de salario y logística. Finalmente, a Simón no parecía molestarle las condiciones, pero no guardaba las formas del uniforme o la vestimenta, además lo traicionaba su inclinación a halagar a las chicas, que en el oriente venezolano abundan.

Como Raco no podía hacer conmigo lo que quisiera, su pasatiempo principal era hostigar a los nuevos técnicos y a Charlie también. Tuvo altercados con los tres, buscando el pretexto preciso para echar a alguno. Simón se lo dio, al “levantarse” a una Maturinense en la entrada del pueblo y tener unos minutos después un incidente con el vehículo rentado que venía conduciendo. Raco, no perdió oportunidad y lo despidió. En la siguiente reunión, Raco propuso no reemplazar a Simón con nadie, sugiriendo que con dos técnicos bastaba. La verdad que ni con tres técnicos bastaba; pero al parecer su consigna era hacer a nuestro departamento lo más desdichado posible.

Raco solía “revisar” y enviar a Maracaibo las cuentas de gastos de todos los empleados, incluidos los de mis técnicos. Ellos ya se habían quejado conmigo, que Raco les pagaba considerablemente de menos sus cuentas de gastos y las enviaba a Maracaibo para que ellos se las depositen en sus cuentas de banco. No había lugar a reclamo, jamás recibían una copia de la cuenta “aprobada” por Raco. Y si se le reclamaba, él les decía que tenían que hablar con Maracaibo. Y Maracaibo respondía con indiferencia, aduciendo que era imposible encontrar tal cuenta de gastos. Una mafia.

Cansado de sus reclamos, ingresé a la oficina de Aracelis la secretaria, y le pedí las cuentas de gastos de mis técnicos. La secretaria me dijo con temor. Si se las doy, el Sr. Juan me ha dicho que me va a despedir. Yo insistí, y le dije que le diga que yo la forcé a hacerlo. Les corregí y les aprobé esa cuenta de gastos y así lo enviamos a Maracaibo. Raco, jamás me reclamo por este evento. Pero qué clase de persona amenaza con despedir a una mujer indefensa. En qué negocio decente, se maneja estos asuntos de esa manera. Me di cuenta que debí jugármela quedándome en África y pactando con los ingleses que siempre me trataron profesionalmente. Las actitudes de Raco y de Cochero lindaban con la ilegalidad, el abuso y la falta completa de profesionalismo.

Unas semanas después se aprobó que contratáramos a otro técnico, William. Otra vez Raco intervino, haciéndose cargo de la contratación, haciendo que William renunciara a su empleo corriente. Cuando William volvió una semana después, Raco le dijo que ya no iban a tomar a otro técnico. William, con esposa y dos hijos, se quedó sin trabajo. Hasta que por fin mi petición fue aceptada por Gary y William fue tomado, para disgusto de Raco.

Alguna vez llegando a uno de estos trabajos de Corpoven, encuentro al Jefe del Taladro, enojadísimo: “Mira lo que ha hecho tu técnico” me dijo, “ha roto una pieza de la rotaria”, pero te digo una cosa, son las 11:15 de la mañana, nosotros debemos estar bajando a perforar a las 7 de la noche. Sin esa pieza, no podemos perforar, si la perforación se retrasa, le vamos a cargar a tu compañía, cada hora que no estemos perforando. Era Juan Bautista, que estaba angustiadísimo. Estaba por terminar la instalación del módulo y le faltaba instalar el sensor que cuenta las vueltas de la rotaria, quería terminar e irse a casa y decidió tratar de instalar el sensor de vueltas de la rotaria, con el taladro operando, cosa que por normas de seguridad, no se debió intentar. En su afán por acercar el sensor a un punto de rotación, accidentalmente golpeo una pieza metálica de la rotaria y esta de rajo provocando una fuga de fluidos. El jefe del taladro nos dio la pieza y volvió a repetir su amenaza. Había un soldador particular en el taladro en ese instante, él nos informó que encontraríamos un tornero en Punta de Mata, un pueblo, no muy lejos de allí, pero también nos dijo, que estaría ocupadísimo.

En Punta de Mata efectivamente encontramos al tornero. Él nos dijo que en un par de días, estaría disponible. Yo siempre llevaba conmigo unos dólares en efectivo para casos como este. Le ofrecí un billete de 100 al tornero por empezar a hacer la pieza cuanto antes y otro más cuando terminara. Eso lo convenció. Le tomo como cuatro horas, nos quedamos allí todo ese tiempo temiendo que si nos fuéramos, al volver lo encontraríamos haciendo otra cosa de algún otro cliente. Llegamos al taladro pasadas las 4 de la tarde. La pieza fue instalada, Juan Bautista instalo el sensor de vueltas de la rotaria y todo quedo bien.

Muchos años después, Juan Bautista, ya convertido en propietario de su propia compañía de servicios en Villa Hermosa, México; me invito a cenar a un lujoso restaurant, aprovechando una visita mía a la perla de Tabasco. Habían pasado al menos 23 años, y durante la conversación, Juan Bautista dijo: “Me disté una lección, esa vez que rompí la pieza de la rotaria. Yo esperaba una bien ganada puteada de tu parte; pero no, no me dijiste una sola palabra de reproche, ni siquiera te calentaste por la cagada que me había mandado. Eso me hizo sentir aún más culpable y nunca me olvide de ese detalle tuyo, y así como tú me trataste, yo he tratado a mis empleados”.

Es muy agradable cuando se nos reconoce cuando acertamos. A mí al igual que cualquiera, le desagrada, haya razón o no, que otra persona nos recrimine, por los errores que cometemos. Pero si esa persona nos ofende y nos recrimina por ese error, la lección del error pasa a un segundo plano, y del evento recordamos más la puteada que se nos dio, que la lección misma. Si en vez de recriminar, se nos trata con humanidad, a pesar de nuestro error; todo el mensaje de la lección pasa a primer plano y queda en nuestro conocimiento para siempre. Continuara…

(*)Pablo Alcántara es Ingeniero Electrónico, especializado en el área de Instrumentación Industrial en Pozos de Exploración Petrolífera. Trabajó para Minero Perú en Cajamarquilla en 1983, luego desde 1984 hasta 1998 trabajo para Baker Hughes Inteq en todo el planeta; 12 años como Ingeniero de Mud Logging y 3 años como Ingeniero de MWD. A continuación desde 1998 hasta principios del 2007 se desempeñó como Sub Gerente del Departamento de Electrónica de Diversified Well Logging en New Orleans-Louisiana-EEUU. Finalmente en Febrero del 2007 fue contratado como Drilling Specialist en la Cia Sondex LP en Houston-Texas EEUU, donde trabaja a la fecha.