La Ingeniería Electrónica en todas las Ramas Industriales – Parte XXXVII

Por Pablo Enrique Alcántara Vega*

Al llegar a Anaco le explique a mi esposa y mis hijos lo que había coordinado con la compañía para ir a Lafayette. Teníamos que ir al Consulado Americano en Caracas para completar el trámite. La compañía de mudanza internacional que Hugh me recomendó arribo dos días después y se llevaron todas nuestras pertenencias, rumbo a Lafayette, Louisiana. Nos despedimos de Victoriano Marrero, nuestro casero español y nos alojamos un Viernes por la tarde en el hotel Internacional de Anaco, donde precisamente todos los Viernes hacían una paella a la valenciana, espectacular. A la mañana siguiente desayunamos por última vez en Anaco y hacia el mediodía fuimos a la parada de automóviles que nos llevaría a Puerto La Cruz. Con Hugh organizamos que pasaríamos el fin de semana en Puerto La Cruz y el lunes en la mañana volaríamos de Barcelona – la ciudad adjunta a Puerto La Cruz que si tiene aeropuerto – a Caracas para ir al consulado Norte Americano para solicitar la visa para ir a Miami.

En Puerto La Cruz nos dimos cuenta que teníamos un posible problema, el embarazo de esposa se estaba haciendo notable y debido a la política de las compañías aéreas de no dejar viajar a mujeres con avanzado estado de gestación, ella podría ser impedida de viajar, ya sea el Avenza de Barcelona a Caracas, o talvez el American Airlines de Caracas a Miami. Teníamos que encontrar alguna solución para al menos disminuir esa posibilidad. Para lo cual, nos metimos a un pulguero –nombre que en Venezuela se da a un mercado de pulgas– donde se vende de todo, en su mayoría cosas de contrabando, desde electro domésticos hasta perfumes, ropa y zapatos de todo tipo. Allí encontramos a un proveedor de ropa para dama, mi esposa se probo muchos vestidos, hasta que mis hijos y yo estuvimos de acuerdo en que uno de los vestidos la hacia parecer una mujer gorda antes que una mujer embarazada.

El lunes temprano nos fuimos a Caracas, teníamos algo mas pendiente aparte de la visa, y era que yo, antes de coordinar con Hugh lo del viaje para traer a mi familia desde Venezuela, le había hecho una transferencia de 700 dólares a mi esposa para los gastos del mes, al Banco Mercantil de Venezuela, hasta entonces una prestigiosa, sino la más prestigiosa entidad bancaria de ese país.

Mi esposa no había sacado nada de ese envió, todo ese dinero y mas estaba en nuestra cuenta, y como ya nos íbamos del país, era necesario retirarlo todo y cerrar la cuenta bancaria. De ese envió, ya habían pasado al menos 10 días, tiempo de sobra para que hubiera ingresado en la cuenta nuestra, pero como en esos momentos había una crisis económica, antes de depositar en nuestra cuenta, los bancos jugaban con nuestros dólares y cuando les habían sacado provecho, entonces lo depositaban en nuestra cuenta, cuanto mas aguda la crisis, mas tiempo jugaban. Eso pasa en Venezuela y de seguro sucede en todos los países de la región.

Nos acercamos a una oficina del Banco Mercantil para retirar el balance en Bolívares y cerrar la cuenta y la cajera nos comunicó que habían unos 50 dólares en Bolívares, pero que la transferencia de 700 dólares aun no pasaba a nuestra cuenta. Le explique que, en otros tiempos, tomaba de 2 a 3 días pasar a nuestra cuenta, y que yo mismo había hecho la transferencia hacia al menos 10 días. Ella me aconsejo que fuera a una oficina especial donde se atendían asuntos de moneda extranjera. Efectivamente, aquella oficina era un edificio como de 10 pisos, impresionante que decía Banco Mercantil Moneda extranjera o algo así. De la recepción, nos enviaron al piso 10, nos aconsejaron que habláramos con la gerenta. Efectivamente al llegar, preguntamos por la gerenta y se nos dijo: “es la señora que viene por el corredor”. Al presentarme, ella me corto y me dijo: “En este momento me encuentro muy ocupada”, yo insistí en pedirle al menos que confirme si se recibió la transferencia de 700 dólares; ella de muy mala gana me llevo a una oficina con múltiples operarios, rodeada de sub divisiones, tomo posesión de una de ellas y me pregunto mi nombre, ni siquiera me pregunto por mi numero de cuenta. Después que le di mi nombre, ella vocifero sin dirigirse a nadie en particular de los otros operarios que estaban en esa oficina, diciendo: “¿Hay algo para Pablo?” y del fondo alguien con voz notoriamente fingida dijo: “ Noooo”, a lo cual ella inmediatamente se puso de pie y de manera cortante me dijo: “No hay nada, no hay nada”. En ese momento, no me dio bronca, mas bien me dio risa la falta de seriedad de esa gente, y sonreí para decirle: “Señora, entonces aconséjeme que debo hacer”, ella siguiendo con su tono irrespetuoso y cortante, me dijo:” Hable Ud. con el banco que uso para enviar el dinero, pues, allá, ellos deben tenerlo, porque aquí no ha llegado, permiso” y se fue.

Nos dirigimos al hotel, hice una llamada internacional al Banco que use para enviar el dinero a mi esposa, hable con una empleada encargada, le explique lo sucedido y ella me envió por fax al hotel donde nos encontrábamos, un documento que confirmaba que el Banco Mercantil recibió los 700 dólares, el mismo día que yo los envié, hacía más de 10 días. Este tramite tomo apenas 5 minutos. En la tarde fuimos de nuevo a la misma oficina del Banco Mercantil. La “gerenta” del Mercantil al verme me miro con no disimulado desprecio y antes que me dijera alguna estupidez, le mostré el documento, enfatizándole la fecha y hora en que el Banco Mercantil en Caracas, es decir, su dependencia, había firmado el recibo de los 700 dólares, hacia mas de 10 días. Se le bajo la altanería, y aunque se merecía que yo le refregara en la cara sus desplantes; la deje tranquila, y luego que me aseguro que al día siguiente estarían los 700 dólares en mi cuenta, nos retiramos para concentrarnos en el otro asunto pendiente con el consulado norteamericano.

En la mañana del Martes nos apersonamos al consulado norteamericano en Caracas. Con mucha amabilidad se nos atendió y resolvió teniendo en cuenta la documentación que había recibido. Estábamos en condiciones de viajar a EEUU. Los tiempos han cambiado la atención en los consulados gringos se ha hecho muy áspera con los años; se volvieron crueles y despiadados, sin importar la edad o condición; hay que ir con mucha paciencia y tolerancia y es que para la administración norte americana que entiende que todo lo que esta hacia el sur cruzando la frontera mexicana, hasta el Cabo de Hornos, es México, pues para ellos todos somos mexicanos que quieren colarse a su país con trampas. Pero estamos hablando de otros tiempos, los EEUU y Venezuela estaban en muy buena relación. El agente consular que nos tocó en suerte fue un viejito adorable que nos atendió con mucha amabilidad y sin drama. Luego unos días después, ya mas tranquilo me di cuenta que estábamos en periodo vacacional y que muchos, pero muchos Venezolanos viajan de vacaciones a Miami, así que nuestro tramite fue trivial.

Quedaba un último posible escollo, los agentes de American Airlines, que si les parecía que el estado de gestación de mi esposa era muy avanzado, podrían cuestionar su viaje. Pero gracias a Dios ese detalle se esfumo también, al estar el vuelo completamente lleno y para revisar más rápido a los pasajeros, los agentes agruparon a la gente por familia, así nadie tuvo tiempo de evaluar que tan embarazada estaba mi esposa. Y así llegamos a Miami, nos quedamos un par de días y luego viajamos a Dallas y luego a Lafayette, nuestro nuevo hogar.

Rentamos un apartamento y algunos muebles, hasta que llegaran nuestras pertenencias que habíamos embarcado en Anaco.

Visitamos a una obstetra de origen boricua y al ginecólogo para programar el parto de mi esposa. Estimaron una cesárea para mediados de Octubre, sin embargo el sábado 1 de Octubre salimos a dar un paseo y luego de un rato mi esposa empezó a sentir dolores en la espalda y malestar general. Seguimos paseando para que se distraiga, pensando que se le pasaría como había pasado semanas antes. A eso de las 9 de la noche, en casa, ella seguía aun con dolor y malestar, así que nos fuimos todos para emergencia del hospital donde estaban registrados los médicos que la habían evaluado semanas atrás. Le colocaron en el cuerpo, una serie de sensores para hacer un seguimiento al ritmo de las contracciones y efectivamente estas iban en aumento. Aun así, la enfermera le inyecto un anti dilatador y nos dijo como a la media noche, que nos podíamos ir a casa, que una vez que el anti dilatador haga efecto, se le pasaría todo el malestar, a no ser que deseáramos esperar una hora más. Elegimos esta última opción, mas como no se notaba el efecto del anti dilatador, nos quedamos otra hora más. Luego de la cual no se notaba cambio, una vez mas la enfermera gringa sugirió que nos fuéramos que en las siguientes horas los malestares iban a pasar, mas Yo se la puse difícil y le dije: “que si algo la pasaba a mi esposa la haría responsable”. Ella se retiro por unos minutos y luego regreso diciendo que el doctor estaría llegando para hacer la cesárea en unos 20 minutos.

Así ocurrió, al llegar el médico, todo se agilizo, mientras la preparaban a mi esposa, el doctor sugirió fuertemente que yo la acompañara al parto, mis hijos se habían quedado dormidos en un sofá de la sala de espera, una enfermera me ayudo a ponerme la ropa especial para entrar al quirófano. La obstetra de origen Boricua también estaba allí. Vería por fin a uno de mis hijos nacer, no me permitieron ver nacer a mi hijo mayor, y cuando nació mi hija, yo no estaba en la ciudad.

Al ingresar al quirófano todo estaba oscuro, solo se alumbraba muy fuertemente la zona que se iba a tratar, a mi esposa le había inyectado en la espina dorsal para no sentir nada de la cintura para abajo, y sin embargo estaba perfectamente consciente, incluso me invito a que viera el momento en que nuestro hijo iba a salir de su vientre; me falto valor, pero lo vi ya fuera y escuche su grito al momento que le palmearon el trasero, estaba desvelado, pero estaba plenamente consciente, luego la boricua me dijo, ve con la enfermera para que veas lo que le hacen a tu hijo. Antes de salir al lado de la enfermera que llevaba a mi hijo envuelto en un pañal, vi como cocían el útero de mi esposa, y ella por completo consciente, me insistió: “Ve a ver a tu hijo”. La enfermera puso a mi hijo sobre una mesa y saco una vacuna con una aguja del tamaño del muslo de mi hijo y se la aplico, sin misericordia en la pierna de mi hijo que grito de dolor y luego otra mas pequeña. Luego se lo llevo a la sala donde había otros 3 niños más que habían nacido unas horas antes.

Ver nacer a un hijo es una experiencia impactante, demoledora, como nacemos con dolor desde el primer momento. Ver a la esposa jugándose la vida por traer al mundo a nuestro hijo, es también revelador, entender de una vez por todas, el valor de la mujer, su vocación de sacrificio y su valentía a toda prueba. Son escenas que me acompañaran toda la vida para valorar en serio, lo que jamás me había llamado a reflexión, de lo que es capaz el ser humano por amor.

Había nacido nuestro hijo, el primero con nuestro apellido en los Estados Unidos. Continuara…

(*)Pablo Alcántara es Ingeniero Electrónico, especializado en el área de Instrumentación Industrial en Pozos de Exploración Petrolífera. Trabajó para Minero Perú en Cajamarquilla en 1983, luego desde 1984 hasta 1998 trabajo para Baker Hughes Inteq en todo el planeta; 12 años como Ingeniero de Mud Logging y 3 años como Ingeniero de MWD. A continuación desde 1998 hasta principios del 2007 se desempeñó como Sub Gerente del Departamento de Electrónica de Diversified Well Logging en New Orleans-Louisiana-EEUU. Finalmente en Febrero del 2007 fue contratado como Drilling Specialist en la Cia Sondex LP en Houston-Texas EEUU, donde trabaja a la fecha.

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