La Ingeniería Electrónica en todas las Ramas Industriales – Parte XXXV

Por Pablo Enrique Alcántara Vega*

De vuelta en Maturín, Gary que seguía dedicado a ventas, me comunico que estaban a punto de conseguir un contrato millonario con la Corpoven, a cambio de diez módulos de adquisición de datos y nuestro avanzado sistema de computación que nos hacía únicos. Los diez módulos estarían asignados a diez taladros diferentes. La competencia con las otras grandes compañías de servicio fue dura, pero ganamos.

Recuerdo que Gary me llamo por la radio, estaba en camino desde Anaco, y me llamo para que organizara un asado para celebrar. Le encargue a Charlie que fuera por lo necesario para el asado; cuando Juan llego y vio el ambiente festivo, me pregunto con tono desaprobatorio: “¿qué está pasando?”. Le explique brevemente y moviendo la cabeza se alejó murmurando, “esto está mal” con todo el aire dramático que su maestro y guía, el Cochero lo hubiese hecho. Cada día se parecían más. Trate que eso no afectara el momento agradable que estábamos pasando. Sin embargo, a pesar de su desaprobación, luego que Charlie sirviera el asado, se apareció, y se sirvió un poco de asado y el solo se aisló en una esquina de la mesa. Nadie se le acercaba, nadie le saludo y al irse, nadie se despidió de él. No estoy seguro cual sentimiento predomino en mí al ver esa actuación, lastima, indignación o asco, pero de seguro no fue nada bueno.

Gary me comunico que tendría, que contratar al menos tres técnicos más para poder instalar, desinstalar y hacer mantenimiento a estos diez módulos. Al igual que la vez que contratamos a Charlie, vinieron recomendados por gerentes de Lagoven y Corpoven una serie de candidatos cuya especialidad tenía muy poca o ninguna relación con la especialidad que estamos pidiendo. Y por supuesto, se aparecieron otra vez un par de energúmenos para “sugerirme” fuertemente a sus recomendados. Hice lo mismo que con Charlie y tome a los que mejor respondieron en la prueba de selección. Así, Juan Bautista, Leonel y Simón, se sumaron a nuestro departamento. Al igual que a Charlie, les advertí antes de firmar que el petróleo trabaja 365 días al año y 24 horas al día. Los tres aceptaron el reto.

Me toco llevarlos al pozo para enseñarles in situ, nociones de seguridad, detalles técnicos, protocolos, etc., etc. Tuve que ir varias veces. En cada reunión, para variar Juan expresaba su malestar porque los nuevos técnicos, se tardaban más de lo calculado en la instalación o desinstalación de los módulos. Pero al mismo tiempo, se quejaba que yo fuera al pozo tan seguido. Yo explique que por el salario que habíamos ofrecido, no se podía esperar técnicos con experiencia en el campo, y que era mi responsabilidad enseñarles la técnica de instalación y desinstalación, así como las normas que se manejan en el taladro, para que no se metan en problemas.

A Juan (Raco) eso no lo detuvo, cada reunión, era un concierto de quejas, contra los técnicos y contra mí, y sugirió que se me forzara a quedarme toda la semana en la oficina, y abiertamente sugirió, que yo estaba ganando demasiado dinero (¡Ja!). Nunca le preguntamos cuanto ganaba el, ni por cuanto era el arreglo de renta de automóviles que tenía, ni otros negocios relacionados con la compañía y de los cuales solo él se encargaba. Tener a Raco en la oficina, era como tener al Cochero. Sin embargo, notamos que gradualmente Cochero fue perdiendo influencia en Venezuela, y Gary fue ganándola. Tal vez por el sórdido asunto de los levantados, o quizás porque el Cochero estaba entonces más involucrado en una posible venta de módulos similar a la de Corpoven, pero en México. De todas formas, fue un alivio tenerlo lejos. Con Raco haciendo las veces de Cochero, bastaba y sobraba.

Los nuevos técnicos eran buenos, pero tenían diferente personalidad; Juan Bautista era el más flemático de los tres, Leonel era también talentoso, pero le costaba asimilar las limitaciones que una compañía de servicios como la nuestra, tenía en cuestiones de salario y logística. Finalmente, a Simón no parecía molestarle las condiciones, pero no guardaba las formas del uniforme o la vestimenta, además lo traicionaba su inclinación a halagar a las chicas, que en el oriente venezolano abundan.

Como Raco no podía hacer conmigo lo que quisiera, su pasatiempo principal era hostigar a los nuevos técnicos y a Charlie también. Tuvo altercados con los tres, buscando el pretexto preciso para echar a alguno. Simón se lo dio, al “levantarse” a una Maturinense en la entrada del pueblo y tener unos minutos después un incidente con el vehículo rentado que venía conduciendo. Raco, no perdió oportunidad y lo despidió. En la siguiente reunión, Raco propuso no reemplazar a Simón con nadie, sugiriendo que con dos técnicos bastaba. La verdad que ni con tres técnicos bastaba; pero al parecer su consigna era hacer a nuestro departamento lo más desdichado posible.

Raco solía “revisar” y enviar a Maracaibo las cuentas de gastos de todos los empleados, incluidos los de mis técnicos. Ellos ya se habían quejado conmigo, que Raco les pagaba considerablemente de menos sus cuentas de gastos y las enviaba a Maracaibo para que ellos se las depositen en sus cuentas de banco. No había lugar a reclamo, jamás recibían una copia de la cuenta “aprobada” por Raco. Y si se le reclamaba, él les decía que tenían que hablar con Maracaibo. Y Maracaibo respondía con indiferencia, aduciendo que era imposible encontrar tal cuenta de gastos. Una mafia.

Cansado de sus reclamos, ingresé a la oficina de Aracelis la secretaria, y le pedí las cuentas de gastos de mis técnicos. La secretaria me dijo con temor. Si se las doy, el Sr. Juan me ha dicho que me va a despedir. Yo insistí, y le dije que le diga que yo la forcé a hacerlo. Les corregí y les aprobé esa cuenta de gastos y así lo enviamos a Maracaibo. Raco, jamás me reclamo por este evento. Pero qué clase de persona amenaza con despedir a una mujer indefensa. En qué negocio decente, se maneja estos asuntos de esa manera. Me di cuenta que debí jugármela quedándome en África y pactando con los ingleses que siempre me trataron profesionalmente. Las actitudes de Raco y de Cochero lindaban con la ilegalidad, el abuso y la falta completa de profesionalismo.

Unas semanas después se aprobó que contratáramos a otro técnico, William. Otra vez Raco intervino, haciéndose cargo de la contratación, haciendo que William renunciara a su empleo corriente. Cuando William volvió una semana después, Raco le dijo que ya no iban a tomar a otro técnico. William, con esposa y dos hijos, se quedó sin trabajo. Hasta que por fin mi petición fue aceptada por Gary y William fue tomado, para disgusto de Raco.

Alguna vez llegando a uno de estos trabajos de Corpoven, encuentro al Jefe del Taladro, enojadísimo: “Mira lo que ha hecho tu técnico” me dijo, “ha roto una pieza de la rotaria”, pero te digo una cosa, son las 11:15 de la mañana, nosotros debemos estar bajando a perforar a las 7 de la noche. Sin esa pieza, no podemos perforar, si la perforación se retrasa, le vamos a cargar a tu compañía, cada hora que no estemos perforando. Era Juan Bautista, que estaba angustiadísimo. Estaba por terminar la instalación del módulo y le faltaba instalar el sensor que cuenta las vueltas de la rotaria, quería terminar e irse a casa y decidió tratar de instalar el sensor de vueltas de la rotaria, con el taladro operando, cosa que por normas de seguridad, no se debió intentar. En su afán por acercar el sensor a un punto de rotación, accidentalmente golpeo una pieza metálica de la rotaria y esta de rajo provocando una fuga de fluidos. El jefe del taladro nos dio la pieza y volvió a repetir su amenaza. Había un soldador particular en el taladro en ese instante, él nos informó que encontraríamos un tornero en Punta de Mata, un pueblo, no muy lejos de allí, pero también nos dijo, que estaría ocupadísimo.

En Punta de Mata efectivamente encontramos al tornero. Él nos dijo que en un par de días, estaría disponible. Yo siempre llevaba conmigo unos dólares en efectivo para casos como este. Le ofrecí un billete de 100 al tornero por empezar a hacer la pieza cuanto antes y otro más cuando terminara. Eso lo convenció. Le tomo como cuatro horas, nos quedamos allí todo ese tiempo temiendo que si nos fuéramos, al volver lo encontraríamos haciendo otra cosa de algún otro cliente. Llegamos al taladro pasadas las 4 de la tarde. La pieza fue instalada, Juan Bautista instalo el sensor de vueltas de la rotaria y todo quedo bien.

Muchos años después, Juan Bautista, ya convertido en propietario de su propia compañía de servicios en Villa Hermosa, México; me invito a cenar a un lujoso restaurant, aprovechando una visita mía a la perla de Tabasco. Habían pasado al menos 23 años, y durante la conversación, Juan Bautista dijo: “Me disté una lección, esa vez que rompí la pieza de la rotaria. Yo esperaba una bien ganada puteada de tu parte; pero no, no me dijiste una sola palabra de reproche, ni siquiera te calentaste por la cagada que me había mandado. Eso me hizo sentir aún más culpable y nunca me olvide de ese detalle tuyo, y así como tú me trataste, yo he tratado a mis empleados”.

Es muy agradable cuando se nos reconoce cuando acertamos. A mí al igual que cualquiera, le desagrada, haya razón o no, que otra persona nos recrimine, por los errores que cometemos. Pero si esa persona nos ofende y nos recrimina por ese error, la lección del error pasa a un segundo plano, y del evento recordamos más la puteada que se nos dio, que la lección misma. Si en vez de recriminar, se nos trata con humanidad, a pesar de nuestro error; todo el mensaje de la lección pasa a primer plano y queda en nuestro conocimiento para siempre. Continuara…

(*)Pablo Alcántara es Ingeniero Electrónico, especializado en el área de Instrumentación Industrial en Pozos de Exploración Petrolífera. Trabajó para Minero Perú en Cajamarquilla en 1983, luego desde 1984 hasta 1998 trabajo para Baker Hughes Inteq en todo el planeta; 12 años como Ingeniero de Mud Logging y 3 años como Ingeniero de MWD. A continuación desde 1998 hasta principios del 2007 se desempeñó como Sub Gerente del Departamento de Electrónica de Diversified Well Logging en New Orleans-Louisiana-EEUU. Finalmente en Febrero del 2007 fue contratado como Drilling Specialist en la Cia Sondex LP en Houston-Texas EEUU, donde trabaja a la fecha.

La Ingeniería Electrónica en todas las Ramas Industriales – Parte XXXIV

Por Pablo Enrique Alcántara Vega*

Jamás había estado en una situación laboral tan confusa, muchos operadores de campo ocupando los talleres y las oficinas, hablando, riéndose, algunos burlándose de la situación como ignorando la gravedad de lo que estaba sucediendo. Juan y Adolfo no se aparecieron por la oficina. Unas horas después se apareció Gary y el gerente boliviano de Maracaibo, intercambiando opiniones con algunos operadores. Y pasaban las horas y en los taladros solo había un operador entregando la información mínima al cliente.

Alguna vez luego que Juan tomara una medida arbitraria contra el personal, le dije con ironía; “yo entiendo que Ud. tenga que tomar medidas impopulares para imponer el orden y evitar que la compañía salga perjudicada o se siga perjudicando. Ud. es como el medico que va a poner el remedio al dolor del paciente, y si es necesario quitarle la vida para que deje de sufrir. Pero cuando tiene que hacer esto último, en vez de aplicarle una inyección y dormirlo para siempre, Ud. prefiere cortarlo en pedacitos”. “Eres exagerado” me dijo. Pero podría jurar que le divertía hacer el papel de hijo de puta. Algo que hizo más de una vez fue tomar medidas retroactivas, por ejemplo, dado que los empleados abusaban del beneficio que le daba la compañía para el lavado de bragas (mamelucos) porque se sentían mal pagados. Juan envió una circular con fecha, por ejemplo, de hoy, diciendo que no se pagara más el lavado de bragas a partir de 3 semanas antes de esta fecha. Me parecía falto de ética, poner en efecto la medida antes de la fecha en que se está anunciando. Entiendo que ser gerente en este negocio, en Sud América implica tomar medidas antipopulares y a veces abusivas, lo que me indignaba, era que el parecía disfrutarlo.

Por supuesto no faltaron los apodos inevitables para personajes como este; me contaba un coordinador ingles que también colaboraba con nosotros, Geoff, diciendo: “¿Pablo, has visto a Chucky?”, yo confundido por la pregunta le respondo:” ¿A quién?” pensando tal vez que su hablar, mezcla de inglés, portugués y español lo hubiera hecho decir algo que no existe; “Chucky, el muñequito diabólico” haciendo alusión a la baja estatura de Juan. Muchos le llamaban Chucky. Sin embargo, unos días después un inspirado operador de campo Patiño me contaba que había tenido una revelación. El se encontraba en un baño inmundo de un taladro de CorpoVen haciendo sus necesidades básicas y mientras se concentraba no pudo evitar leer en las paredes, mensajes dejados por los trabajadores del taladro. Una de ellas decía “Fernando Frías alias aborto de gorila” y se imaginaba Manuel lo feo que habría de ser el tal Frías para merecer tal apodo. Pero allí nomas, muy cerca de ese mensaje, había otro que rezaba “Alberto Medrano alias rabo de cochino” y se preguntaba quien merecería tal sobrenombre, y de pronto su mente se ilumino y vio a Juan en ella, sí, porque el rabo de un cochino (cerdo) es corto (de baja estatura) y torcido (quien más torcido que Juan). Desde entonces, así como todos llamaban cochero de Drácula a Adolfo, todos llamaban a Juan, “rabo de cochino” o simplemente “Raco”. Lo de Manuel fue inspiración divina, había que tener algo de que reírse en una situación tan complicada como la que estábamos viviendo.

Cuando unas semanas antes le alertamos a Adolfo que esto podría pasar, él se hizo el ofendido, el caliente, nos hizo el sainete de cuan decepcionado estaba de mí y de Gary y nos separó de las reuniones, y ahora que el tiempo nos había dado la razón, no estaba frente a nosotros para putearlo por imbécil como se merecía con creces. Al día siguiente llegaron de Houston altos funcionarios de nuestra Compañía para intentar un dialogo con los operadores de campo. Cuando la reunión tendría un par de horas de empezada, llamaron dos de los operadores que habían sido dejados en dos pozos de CorpoVen, diciendo que el jefe de pozo de CorpoVen les había pedido que recogieran la unidad porque habíamos perdido el trabajo, unas horas después lo hizo uno de LagoVen. Perdimos tres unidades en unas horas. Para la mayoría de los alzados, así como para aquellos que trabajan solo por el dinero y no por la dignidad o el orgullo de hacer una labor profesional, esto era un picnic, pero para aquellos que tenemos vergüenza y gozamos usando nuestra destreza para sacar un proyecto adelante, esto era extremadamente frustrante.

La carta pedía, a parte de las mejoras salariales y otros detalles relacionados a eso, la inmediata separación de sus cargos de Adolfo y de Juan. En medio de tanto desorden, una vez que se aceptó el aumento, lo demás pasó a segundo plano. Juan y Adolfo siguieron en sus cargos, sin embargo, ocurrió algo que solo se ve en las películas; súbitamente de las cinco unidades que nos habían quedado, llegaron a su profundidad final tres de ellas, y solo nos quedamos con dos, es decir de las, 8 tripulaciones compuesta por un mínimo de seis personas cada una, solo quedaron dos tripulaciones activas, entonces ante la baja inesperada del trabajo, Houston volteo la tortilla y autorizo a Juan y Adolfo a echar a quien ellos se les diera la gana. Pasaron un par de semanas, nos quedamos con el personal mínimo de campo, parecía que Adolfo y Juan habían salido bien librados de esta aventura, y así lo parecía.

Dado que según la gerencia yo ganaba demasiado (¡Ja!) para estar inactivo se me envió a Houston, para apoyar un proyecto importante. Mi jefe técnico en Houston el holandés Rob ya me había hecho saber que estaban por construir una unidad Drillbyte en Houston, la primera Drillbyte construida en EEUU, basada en una antigua unidad GEMDAS remodelada y reforzada. Rob tenía a Marco, un ingeniero de mi misma nacionalidad recién mudado de otro departamento, y lo había enviado a Maturín unos meses atrás, por unos días para que interactuara conmigo. Marco se veía con muchas ganas de aprender, era muy atento e inteligente, se había graduado en una universidad en EEUU donde vivía desde los 11 años, me causo muy buena impresión y le di todo lo que tenía de mi aprendizaje para la construcción de la Drillbyte. Craso error, Marco resulto ser una persona extremadamente complicada.

Así fue que Rob me invito a ir a Houston para participar en la construcción de esta Unidad. Tuve que ir al Consulado Americano en Caracas para tramitar una visa. Era la segunda vez que un consulado norteamericano me daba una visa.

Al llegar a la oficina de Houston, en mi tiempo libre, trate de resolver el tema de mis pagos. Yo venía recibiendo mis pagos a través de una transferencia a un banco en Venezuela. Así que coordine con el Departamento de Contabilidad para depositar mi pago en una cuenta que tendría que abrir en un banco local en Houston, cosa que yo no tenía idea como hacer. Una sombra se cruzó por mi mente cuando decidí pedirle a Adolfo que me ayudara a abrir una cuenta de banco en Houston, no sé en qué estaba pensando, Adolfo debió ser la última persona a quien debí habérselo pedido; me acerque a su oficina, explicándole brevemente mi propósito y que si él fuera tan amable de explicarme como se abre una cuenta en un banco local. Adolfo, con su clásico mohín dramático y seguramente sin pensar lo que me iba a decir, emitió el siguiente lamentable mensaje, tajante, terminante, sin lugar a replica: “esas son cosas personales para las cuales yo no te puedo ayudar Pablo”; lo dijo como si alguna vez me hubiera ayudado en algo. No me calenté con él, me calenté conmigo mismo, porque debí quedarme en el África, antes de aceptar que alguien con esos principios sea jefe mío. No faltó quien me echara una mano, seguí haciendo mi trabajo, para Cochero era una patada más que daba, media hora después quizás ni se acordaba del tema. Pude notar que, así como pasaba en cualquier oficina de Sud América donde estuviera, Cochero era el centro de la antipatía también en la oficina de Houston. La Señora Babcock era secretaria de esa sección, y su trabajo era agilizar trámites, recibir mensajes, etc. de los jefes de esa sección, incluido Cochero.

La Sra. Babcock me tenía esperando para el trámite de extensión de mi visa, y de pronto vino el Cochero de Drácula y le encargo una tarea, la Sra. Babcock asintió con la cabeza más en cuanto Cochero salió de escena, e ignorando que yo estaba allí al lado de ella, cerró los ojos y los puños fuertemente mientras su cabeza y todo su cuerpo temblaron por varios segundos, síntoma de lo mucho que le costaba relacionarse con Adolfo.

En el trabajo, empecé a notar lo cambiado que estaba Marco, no era el muchacho voluntarioso y humilde que me había visitado en Maturín. En Houston, Marco mostraba un espíritu sobrado e intimidante contando historias de los otros dos experimentados técnicos que también trabajaban allí, Marc y Dave. Me los hacia aparecer como tipos de cuidado con los que era mejor no meterse, sin embargo, note que el hacía todo lo posible para enfrentarlos conmigo, también note que no perdía oportunidad de dejarme mal en frente de Rob. Muy infantil e hipócrita.

Era un caso, alguna vez me contó que había llegado a EEUU a los 11 años, entonces pude percibir y entender su antipatía muy cerca del odio que les tenía a los gringos, aunque les lamiera el trasero en cuanto podía. Como lo habrían tratado en la escuela y en la calle por su condición de indio, que no les perdonaba. Pero su personalidad era aún más complicada, porque también odiaba a otros indios como el, porque odiaba ser indio, era el motivo por el cual se había sentido tan maltratado desde que había llegado a EEUU, pero ahora que tenía un grado, sentía que podía hacer daño y tomar revancha, por eso era tan desleal, dos caras y miserable. Sentí mucha lastima por él, afortunadamente, a mi llegada a EEUU mi mente ya estaba formada, ningún insulto o maltrato por mi condición de indio, podría afectarme, yo si sabía quién era y que derechos tenia, nadie me iba a hacer sentir inferior o condicionado por el color de mi piel. No deje que sus impertinencias ni sus bajezas me afectaran. Estaba tratando con Cochero de Drácula, cualquier otro canalla era una cucaracha comparado con él.

Marc recibió una asignación para ir a Alaska y Dave fue enviado a Colombia. Rob me comunico que lo que quedaba por hacer para terminar la unidad, sería mi responsabilidad y la de Marco, pero como Marco, recién se estaba metiendo en el asunto, buena parte de la responsabilidad caía sobre mí, pero ya estaba acostumbrado a esos detalles. Antes de irse a sus asignaciones Marc y Dave pronosticaron que la Unidad nunca se terminaría sin ellos, porque ni Yo ni Marco teníamos la capacidad para terminarla. Marc y Dave eran dos muy experimentados Ingenieros de Servicio de Mud Logging, se hacían llamar así, aunque solo fueran técnicos. No tenían modestia alguna y no se daban cuenta que su posición, no era precisamente la más deseada, y tal vez por eso la gerencia les permitía expresarse sistemáticamente mal de aquellos a quienes ellos despreciaban, en resumen, nadie les tomaba en serio porque todos incluyendo los gerentes sabían que eran un par de bocones.

La unidad estaba destinada a Trinidad, estábamos a la espera de materiales para terminarla, se prolongó mi estadía; Baker consiguió sin drama alguno, una extensión de mi visa.

Para sentirme más cómodo, solía ir a trabajar con unos jeans con huecos en las rodillas que tenía para tal propósito, En Venezuela andaba siempre con mamelucos, así con una camiseta y jeans me sentía más a gusto. Una tarde después del almuerzo, noté un movimiento inusual en el área donde se encontraba la unidad, dentro del inmenso taller; vi mesoneros y gente poniendo mesas y manteles y platos y champaña, nadie me había comunicado nada, tal vez Rob le dijo a Marco que me lo dijera, pero este no me dijo nada. La unidad fue remolcada afuera del edificio, toda la gerencia Técnica y Administrativa estaba allí, y Rob me presento a mi como constructor de la Unidad. Me sentí un poco ridículo por mi vestimenta, pero igual me enorgulleció que Rob me presentara así. Luego se hicieron varios brindis y comidas. La gerente administrativa se me acerco para confirmarme que la extensión de mi visa ya estaba tramitada y que no tenia de que preocuparme. Muchos que recién me conocían tuvieron un trato muy cordial conmigo. Esa primera visita seria el principio de la posibilidad de ser transferido a los EEUU. Continuara…

(*)Pablo Alcántara es Ingeniero Electrónico, especializado en el área de Instrumentación Industrial en Pozos de Exploración Petrolífera. Trabajó para Minero Perú en Cajamarquilla en 1983, luego desde 1984 hasta 1998 trabajo para Baker Hughes Inteq en todo el planeta; 12 años como Ingeniero de Mud Logging y 3 años como Ingeniero de MWD. A continuación desde 1998 hasta principios del 2007 se desempeñó como Sub Gerente del Departamento de Electrónica de Diversified Well Logging en New Orleans-Louisiana-EEUU. Finalmente en Febrero del 2007 fue contratado como Drilling Specialist en la Cia Sondex LP en Houston-Texas EEUU, donde trabaja a la fecha.

La Ingeniería Electrónica en todas las Ramas Industriales – Parte XXXIII

Por Pablo Enrique Alcántara Vega*

Al pasar las semanas notamos un repunte en las operaciones en el área del oriente Venezolano, la actividad era intensa, teníamos trabajos con LagoVen y con CorpoVen, ambas compañías de PDVSA, la compañía matriz petrolera estatal de Venezuela. Sin embargo LagoVen y CorpoVen no tenían dependencia una de la otra y a pesar que a ambas les iba muy bien, era notorio que CorpoVen proporcionaba mayor comodidad y mejor nivel de vida a sus empleados, hasta las comodidades en los taladros eran definitivamente distintas en favor de CorpoVen.

Al ingresar a un taladro administrado por CorpoVen, de inmediato se distinguía el tráiler oficina/vivienda que tenía el jefe del pozo, con todas las comodidades y adelantos, eso repercutía también en el trato cordial con que la mayoría de los jefes de pozo tenían para con las compañías de servicios. La otra cara de la moneda, LagoVen, por el contrario mostraba el tráiler oficina/vivienda extremadamente simple, de modo que desde afuera no estaba muy claro cuál era el tráiler del jefe del pozo.

Por supuesto tratar con la mayoría de los jefes de pozo de LagoVen era estresante, siempre en tono desagradable, intimidatorio, pesimista, síntoma que no se sentían bien pagados. Los geólogos de pozo de LagoVen que eran nuestros jefes inmediatos en el taladro, nos trataban en la mayoría de los casos, no como a profesionales que estamos haciendo un trabajo para ellos, sino como sus sirvientes. Recuerdo que había una geóloga, de la cual todos me habían hablado que era extremadamente exigente, y que tenía una cuerpo divino, pero que no era muy guapa de cara. Un día tuve la, no puedo decir suerte, de conocerla. Estábamos en un taladro y me acerque, mientras ella me daba la espalda, y efectivamente, a medida que me iba acercando pude comprobar que tenía un físico espectacular, aunque hay mucho de eso en todo Venezuela, mas no precisamente en un taladro. Más cuando de pronto volteo su rostro hacia mí, no pude evitar paralizarme con un sentimiento muy desagradable, la pobre muchacha, no solo era feíta, sino que, como era empleada de LagoVen tenía un gesto de disgusto, insatisfacción y ganas de des cobrarse con cualquiera su frustración, que elevaban su fealdad a la quinta potencia. Fui afortunado de encontrarme con ella solo un par de veces en tres años, pero la expresión de su rostro y su hablar agresivo, liquidaba cualquier posible admiración que su divina figura pudiera generar.

Dada la demanda de trabajo y los continuos lloriqueos de Regulo, me autorizaron a contratar a un técnico electrónico más. Vinieron muchos, más de 20, en su mayoría recomendados por gerentes de LagoVen, CorpoVen o alguna otra compañía influyente. La oferta de trabajo era por un técnico o ingeniero electrónico, más recibí hojas de vida de Ingenieros químicos, mecánicos, industriales y de computación, es más, me vino a visitar un Gerente de la LagVen y con tono avasallante, prácticamente me sugería que el daba por hecho que su recomendado, su hijo talvez, obtendría el puesto, diciéndome: “… después de todo que diferencia puede haber entre un ingeniero electrónico y uno de computación, de ultima con el entrenamiento debe bastar para que cualquiera haga el trabajo” .

Yo ya estaba bastante podrido con la serie de responsabilidades que había recibido, muchas más que las que originalmente habíamos quedado, y por el mismo sueldo, para hacerme cargo de un peso más. Yo necesitaba un ingeniero que me de apoyo, ya que el apoyo que recibía de Regulo y Gendrick era muy exiguo. Tome al que respondió mejor en el examen de selección, Carlos “Charlie” Santil. Sin embargo debido a la experiencia con Regulo, le dije tajantemente a Charlie, antes que aceptara el cargo: “Charlie, el negocio del petróleo trabaja los 365 días del año, 24 horas al día, antes de firmar, ten en cuenta que va a pasar que va a ser tu cumpleaños, o el de tu viejita, o el de tu novia, o el de tu querida, o el de tu hijo, y aun asi vas a tener que ir al pozo. No digas después que no te lo advertí. Si estás dispuesto a hacerlo, te va a ir muy bien y vas a progresar rápido en el petróleo”. Charlie firmo y rápidamente se convirtió en el mejor de los tres técnicos.

Una tarde sabiendo que Charlie andaba en un taladro, se apareció en mi oficina Regulo, con su escudero Gendrick, venían en son de guerra, exagerando como siempre la situación en su favor, haciéndose el ofendido; desde que había llegado a Venezuela, había visto esas actuaciones ya varias veces. “Coño Pablo, tenéis que hablar con Charlie, chico, porque no puede ser” “ A que te refieres Regulo” le conteste”; “que está yendo a los taladros chico y se queda a cambiar los sensores y los calibra chico” haciendo aspavientos con las manos, como si lo que estaba declarando fuera la esencia de la razón. “Pues, de eso se trata Regulo, nuestro trabajo no es ir y dejar el sensor para que lo cambien los operadores, es nuestro trabajo, no solo cambiarlos, sino calibrarlos y dejarlos operativos, así los operadores no tendrán nada que contarle a Juan, que no hicimos bien el trabajo”.

Como para Regulo, nada de lo que yo dijera era justo, insistió: “Entonces que van a hacer los operadores chico, ¿vamos a tener que ir a darles la comida en la boca también? Pues no chico”. Regulo, esto es Baker, la forma como lo está haciendo Charlie, es la forma como yo lo he hecho desde siempre”. Ambos se retiraron, no sin antes decir en forma dramática que estaba quemado, que ya no podía soportar más, que estaba al borde de renunciar, eso lo dijo desde el primer día. Las habladurías e indirectas contra Charlie siguieron, pero hasta el mismo Juan, empezó a reconocer que Charlie era eficiente.

Pues Charlie no necesitaba el apoyo de nadie, su rendimiento hablaba por sí mismo, además Charlie no perdía el tiempo en contestar indirectas o provocaciones, era flemático, y concentrado en su trabajo, evidentemente hice bien en contratarlo.
Las reuniones con Adolfo dieron un giro, cuando Gary hablo conmigo acerca de lo irritados que estaban los operadores de campo porque todos los empleados de las otras compañías de servicios habían recibido al menos un aumento en el último año y ellos no habían recibido ninguno. Yo también había notado ese malestar, y cuando escuchamos el plan maquiavélico de Adolfo, apoyado por Juan, tanto Gary y yo, le advertimos, le alertamos a Adolfo de las posibles consecuencias de no hacerle al menos un mimo a los operadores; como era de esperarse, Adolfo no solo se hizo el enojado, sino el ofendido, como que estaba decepcionado tanto de mi como de Gary; es más sugirió que con esa declaración mía, yo le había mordido la mano; como si yo fuera su perro. Además dijo que gracias a él, era que yo estaba ocupando ese cargo. Eso quería decir, según él, que mis dos incursiones por el África de 6 meses cada una y el año y medio asignado a la operación de Argentina durante el cual el Gerente Argentino quería mudarme a Buenos Aires con mi familia, no justificaban que yo estuviera entre los candidatos a ese cargo. Sugería Cochero que yo estaba ocupando ese cargo, gracias a su buena voluntad y porque él era “buena gente”. Y a Gary le dijo algo parecido, diciéndole lo decepcionado que estaba con él.

Desde esa reunión, Adolfo empezó a tener reuniones solo con Juan, que dudo que lo hiciera por temor a que Adolfo lo fuera también a desplazar. Siento que Juan lo hacía porque en verdad comulgaba con esa tendencia dictatorial, intimidatoria y prepotente con que Adolfo quería imponer su idea del negocio. En el fondo, supongo que tanto para mí como para Gary, fue un alivio, no tener que tratar con Adolfo cuando venía a perpetrar su estrategia. Sin embargo hay algo en que Adolfo no cayó en cuenta; no estaba tratando con Ingenieros Peruanos, sin sindicato, y suficientemente profesionales para no ponerse pico a pico con él; no estaba tratando con profesionales Argentinos, sin sindicato y que preferían irse antes que seguir sufriendo sus arbitrariedades; estaba tratando con técnicos Venezolanos, con sindicato cuya idiosincrasia era diametralmente opuesta a la de los Peruanos o Argentinos.

Unas semanas después nos sacaron de un pozo de LagoVen, perdimos el trabajo, durante la reunión tratando de aclarar los detalles porque nos habían sacado; cosa que no nos ocurría a menudo a nivel mundial; Regulo quien tuvo buena parte de la responsabilidad por lo sucedido, me endoso a mí la responsabilidad diciendo que él no trabajaba concentrado porque yo lo trataba displicente, que lo subestimaba y que eso lo tenía al borde de renunciar. Así, me lo dijo en mi cara, delante de los demás gerentes. Regulo no pudo pelar el pedal peor (en Venezuela se usa esta expresión para expresar equivocación). Unos días antes Adolfo me había hablado de la posibilidad que yo me mudara a México a una operación posiblemente más grande que la de Venezuela y yo entusiasmado le dije que sí, más al preguntarme a quien dejaría en Maturín en mi lugar, yo le dije sin dudar, que a Regulo porque tenía esperanza de convencerlo de aceptar el reto. Adolfo dio por terminada la reunión, Regulo sintió talvez que me había tocado, pero dada la conversación previa que había tenido con Adolfo, Regulo no pudo saber, al menos en ese momento que lo que había hecho era practicarse un harakiri (es la expresión usada en películas en que un japonés se quita la vida hundiéndose una daga en el estómago para lavar su honor por haber fracasado en su misión). Lo que sucedió es que Regulo siguiendo su filosofía, conveniente para él, de dejar que los operadores hicieran parte del trabajo del técnico, se fue del taladro, sin instalar todos los sensores, asumiendo que el operador lo haría por él. El pozo arranco sin todos los sensores operando, y eso según la política rígida de LagoVen era una falta grave y se agarraron de eso para sacarnos del pozo y quitarnos el trabajo. Unos meses después LagoVen misma comprobó que se trató de una conspiración orquestada por nuestra competencia, con la participación de un funcionario de LagoVen para sacarnos del pozo; si una cosa así, sucediera en los Estados Unidos, hubiera sido una demanda multimillonaria, pero en Venezuela, solo fue anecdótico.

Eventualmente los operadores de campo se unieron y estaban esperando la chispa para reaccionar. En una de esas visitas de Adolfo a Venezuela, hizo una incursión por todas las unidades en el oriente Venezolano, para según el acallar reclamos. El mensaje en pocas palabras decía “no hay aumento, al que quiere le gusta, al que no, tiene la puerta abierta”. Simple y sencilla la política del Cochero. Hubieron muchos comentarios por la radio, entre ellos Regulo participaba burlándose sarcásticamente de la situación e imitando la voz y el acento mío y del Cochero, para jolgorio de los radio escuchas. Cochero escucho esto por la radio y se presentó en mi oficina, por supuesto, sin explicarme nada, solo me pregunto, con léxico porteño: “¿Te bancas sin Regulo? (Te da lo mismo quedarte sin Regulo)”. Después de lo sucedido en la reunión por lo de LagoVen y lo convencido que vi a Cochero, acepte su sugerencia, esa misma tarde despidió a Regulo. Regulo tenía muy poca autoestima, así que según él no tenía nada que perder; salió de la oficina directo a un teléfono público, Gendrick se fue con él. Desde allí llamo a la mayoría de las 8 unidades que estaban trabajando dramatizando que Cochero lo había despedido y que tenía una lista de los siguientes operadores de campo que iba a despedir. Aquella tarde-noche, los operadores de campo se juntaron redactaron una carta informando/pidiendo/intimidando ya no a la oficina de Venezuela, sino a la oficina principal nuestra en esta parte del planeta en Houston, con copia a PDVSA y sus filiales LagoVen y CorpoVen. Al día siguiente, 6 de la mañana cuando Juan trato de hacer su acostumbrado reporte diario; solo recibió silencio absoluto de todas las unidades Juan se fue de la oficina de acuerdo a la estrategia y se comunicó con Cochero que se hallaba camino a Maracaibo, acababa de dejar Maturín.

La administradora, la señora Samara, fiel hasta la muerte y gran admiradora de Juan, acababa de salir de vacaciones, en su lugar estaba una encantadora dama a quien Samara había recomendado para ocupar su lugar mientras ella se iba a solear a las playas de Tobago. Era lógico que la hermosa dama confundida al ver llegar una nube de operadores de campo a la oficina los recibiera cordialmente y se puso a sus órdenes para lo que venga. Ellos se habían organizado, dejando solo a uno de ellos en el taladro con el mensaje a LagoVen y CorpoVen que iban a pasar los reportes de manera restringida, porque se encontraban tomando una medida de fuerza laboral. Una cosa como esta en Perú o Argentina por ejemplo, es impensado, no ocurriría jamás. Pero aquí ocurrió, la linda damita siguiendo sus buenos modales y su voluntad de ayudar, paso los faxes rumbo a Houston, Caracas, Anaco y Maracaibo. Me imaginaba si Samara hubiese estado en la oficina, ella hubiese destruido la máquina para faxear antes de acceder a enviar tal mensaje, o se hubiera inmolado incendiando la oficina. Los faxes hubiesen sido enviados de todas maneras en algún otro lugar, si alguien se hubiese rehusado en la oficina. Continuara…

(*)Pablo Alcántara es Ingeniero Electrónico, especializado en el área de Instrumentación Industrial en Pozos de Exploración Petrolífera. Trabajó para Minero Perú en Cajamarquilla en 1983, luego desde 1984 hasta 1998 trabajo para Baker Hughes Inteq en todo el planeta; 12 años como Ingeniero de Mud Logging y 3 años como Ingeniero de MWD. A continuación desde 1998 hasta principios del 2007 se desempeñó como Sub Gerente del Departamento de Electrónica de Diversified Well Logging en New Orleans-Louisiana-EEUU. Finalmente en Febrero del 2007 fue contratado como Drilling Specialist en la Cia Sondex LP en Houston-Texas EEUU, donde trabaja a la fecha.

La Ingeniería Electrónica en todas las Ramas Industriales – Parte XXXII

Por Pablo Enrique Alcántara Vega*

Carlos se devolvió para Buenos Aires, era Junio de 1991, la Drillbyte no llego a la Argentina sino hasta 1995. Fernando Roberto se quedó aun dos semanas más, cada vez más y más quejoso, solía sentarse en un rincón de la unidad que estábamos tratando de construir, yo le conversaba del tema y el con el espinazo doblado, el cigarrillo entre sus dedos, la mano colgando, no respondía a mi pregunta y en vez de eso decía muy lastimosamente “alguem perto de charto na mia boca por favor” (alguien acerque el cigarro a mi boca por favor”, andaba muy deprimido los últimos días, hasta que recibió la noticia que podía regresarse a Rio de Janeiro, entonces feliz y contento decía:”meu calvario prestes a terminar” (“mi suplicio está a punto de acabar”).

Al mismo tiempo que yo estaba tratando de armar la nueva Unidad Drillbyte, Luis y sus muchachos estaban construyendo otra unidad con los equipos antiguos de Core Lab, para lo cual habían pedido el apoyo un Ingeniero colombiano, German Pineda, este sí que era a todo dar. Había vivido mucho tiempo en Medellín y hablaba con ese acento, distinto al de Luis que era de una ciudad llamada Málaga, en la provincia de Santander. A German tampoco le agradaba la forma como Luis se refería a Baker, aunque tuviera motivos válidos, que lo dudo, es falto de ética hablar mal y desearle lo peor a la compañía para la cual trabajas. Con German hicimos buena amistad, solíamos beber casi a diario cuando estábamos ambos alojados en el hotel Delicias, solía decir seriamente pero en tono juguetón: “Pues que, Pablin, le cuento que estoy preocupado, el ron que bebemos ya no me hace efecto, lo que necesito es una botella de aguardiente”. Se refería a que en Colombia se bebe más aguardiente que ron, habiendo aguardiente de gran calidad, como el Aguardiente Cristal de la ciudad de Caldas. Otro día al ver pasar a un par de esas exuberantes maracuchas, decía: “Pues vea Ud. Pablin, ese par de goticas de agua, y uno con esta sequía” o tal vez “Mire Pablin lo guapa que esta esa chiquita, como dice el dicho; chiquita y tetona, sino es puta es ladrona” y cosas así. Otro día hablando de Luis e imitando su acento paisa, que es como si estuviera a punto de llorar, decía: “Le cuento Pablin, que el Luis me estaba hablando que la cicatriz en el brazo se la causo un toro, porque dice que en su juventud había sido torero, y decía (con acento paisa) – porque allá en mi pueblo de Málaga, Santander – el muy marica creía que me iba yo a confundir con Málaga, España”. Gran tipo German.

Llego la unidad A0 construida en el Reino Unido, se envió directo al pozo, en el lago de Maracaibo. Houston envió a un operador americano de lujo, Mike, joven y talentoso, para entrenar a los operadores locales. Como la operación de Colombia pronto tendría también sus propias Unidades Drillbyte, los colombianos enviaron a su operador estrella, un tal Hugo Ibáñez, también fue un operador venezolano de apellido Tomey. A su vez fueron enviados dos mudloggers Alexis y Chucho para “ayudar” en el reemplazo rápido y efectivo de la unidad, porque ya había una unidad nuestra con equipo antiguo de Corelab en el pozo. Hugo era uno de esos fumadores empedernidos, en aquel tiempo no estaba prohibido fumar en la unidad nuestra. Mientras me dedicaba a añadir o reemplazar sensores en el piso de perforación, le encomendé a Chucho y a Alexis a correr cables para los sensores de la sala de las piletas, dos pisos abajo del piso de perforación.

Eso fue como encomendarle a los tres chiflados a resolver las ecuaciones de Maxwell, la tarea era sencilla, pero yo no podía imaginarme hasta dónde puede llegar la ociosidad y la irresponsabilidad de un ser humano. Se iban a las 7:15 de la mañana, a eso de las 11 de la mañana justo antes del almuerzo, llegaban a la unidad, con el aliento recortado y el hablar pausado, como si acabaran de hacer un esfuerzo enorme diciendo: “Pa…blo, ya…..acaba…..mos el cableado de los sens…….sores de tempe…….ratura; después del almuerzo, vamos a continuar…..con lo que falta, nos vamos a almorzar” Y se largaban, daban las 12, la 1, las 2 de la tarde y no se aparecían, no estaban en la sala de piletas, no estaban en el comedor, no estaban en la sala de TV, los llamaba por los altavoces que llegan a cada rincón del taladro y nadie respondía. Yo seguía haciendo mi parte y al final tuve que ir a la sala de piletas a hacer todo de nuevo porque la tirada de cables que habían hecho “valía madre” (como dicen los mexicanos) un niño de 10 años lo hubiese hecho mejor, era perder más tiempo reclamarles o indicarles la forma correcta como hacerlo, la consigna de mucha gente en esas latitudes es hacerse el ofendido, así se libran de responsabilidades.

Cuando pasaba por la unidad veía también con frustración como Hugo torturaba a Mike, exigiéndole que le repitiera las indicaciones y preguntándole mil idioteces, veía la cara de confusión e impotencia de Mike, cuando Hugo le hablaba tan cerca de la cara que prácticamente le escupía el humo del cigarro, eso sumado a su pésimo ingles hacían que a Mike se le cruzara por la mente renunciar a Baker en ese mismo instante. Por el contrario a mí se me cruzo por la mente agarrar del pescuezo a Hugo, sacarlo de la unidad y lanzarlo al agua. Por fin acabamos esa cruel aventura, Tomey por lo menos tomo su distancia, pero Chucho, Alexis y Hugo encajaban muy, pero muy cerca en el adjetivo de inservibles. Al volver a Indio Mara, el chofer que llevaría a Mike a La Chinita y de allí de vuelta para Houston, se le ocurrió preguntarle: “Mike, when do you come back” (¿Cuándo regresas?). Mike miro al chofer con no disimulado desprecio y le respondió parco: “Next life” (En mi próxima vida).

Tom me comunico que Baker tenía problemas graves para atender las demandas de los clientes en el Oriente Venezolano, efectivamente Baker tenía una oficina satélite en la Ciudad de Maturín, Estado Monagas; aún más, Tom dijo que tendría que mudarme y con aire muy lógico me dijo: “vamos a tener que aumentarte el sueldo, porque la vida en Monagas es más cara que aquí. Cuando le comunique esto a Adolfo, el por supuesto cínicamente y haciéndose el ofendido, me dijo: “Y quien es Tom para decidir eso, no se te va aumentar nada, desde un principio estaba en los planes que tú te fueras a vivir a Maturín”. Sus palabras eran tan llenas de mentiras como su cinismo, jamás se me dijo que iría a vivir a Maturín. Pero tratándose de Adolfo, era de esperarse. Una vez más, da la impresión que la haya tenido conmigo, pero no, él se comportaba como un desalmado con todos. Un tiempo después, cuando la operación creció ostensiblemente, Adolfo, “nos premió” con su presencia una vez por mes, para “coordinar” la operación. Nos torturaba una semana y luego se regresaba a Houston, donde torturaba a esa pobre gente que trabajaba con el allá.

Mi familia y yo nos mudamos a Maturín, una ciudad tropical típica, un calor abrazador, al igual que Maracaibo, pero las lluvias eran mucho más severas que en la capital del Zulia. Conseguimos un apartamento en un séptimo piso cerca del centro, propiedad de un comerciante sirio Salomón Kuffati, gran persona, tenía un niño y una niña, cuando íbamos a su negocio donde vendía muebles y electrodomésticos, nos recibía muy bien, hablaba en árabe con su esposa, también siria.
La oficina de Maturín tenía un gerente de operaciones el chileno Juan y dos técnicos venezolanos, uno de ellos, Regulo, era muy amigo de Juan y tenía por lo menos los conocimientos para hacer el trabajo, pero al igual que Alexis y Chucho, su ociosidad sin límites, lo traicionaba y andaba siempre a las quejas, haciéndose la víctima, llevando siempre la conversación al límite, casi sugiriendo que estaba a punto de irse, si la cosa no se arreglaba como a él le convenía. Le explique que la cosa se iba a poner más difícil, porque la exigencia de Baker, como yo había notado, era mayor que la de Core Lab, que lamentablemente yo venía a imponer el ritmo de trabajo de Baker y que la compañía no se iba a acomodar a nuestras necesidades; sino que éramos nosotros los que teníamos que acomodarnos a las necesidades de Baker.

Charle con el muchas veces pero en vez de generar motivación, expectativa y ambición en él, desarrolle antipatía y el simplemente cuestionaba todo lo que yo proponía. El otro técnico Gendrick, parecía más maniobrable, pero él había llegado a la compañía a través de Regulo, eran camaradas, así en casos extremos él apoyaba todo lo que Regulo decía, sin importar el juicio o la responsabilidad. Tuve que ejercer mi cargo y simplemente enviarlos a trabajar e ignorar sus lloriqueos, nunca se los dije, no era mi estilo, pero se merecían que les dijera: “Si no tienen suficientes huevos para hacer el trabajo, lárguense, así como están no le sirven de nada a Baker”. Les decía algo equivalente: “No es Pablo el que les envía a esta misión, es Baker, quéjense con Baker, no conmigo, yo solo sigo lo que Baker me ha mandado”. La oficina de Maracaibo solo tenía dos unidades trabajando, la oficina de Maturín tenía ya 5 y al pasar los meses llego a tener 14 unidades trabajando, era el tiempo de las vacas gordas. Gary, el gerente de marketing también fue mudado a Maturín con su familia, ya nos conocíamos superficialmente desde más antes. Alguna vez lo vi en la oficina de Lima. Gary era a todo dar, una mentalidad amplia para el negocio, lástima que haya estado solo asignado a marketing, por entonces.

Cada vez que venía Adolfo en una de sus visitas, se quedaba un par de días en Maracaibo y luego se venía para Maturín, hacia reuniones estresantes que duraban horas. Al principio, me obligaba a mi como gerente técnico de Maturín a participar en estas reuniones, pero era demasiado para mí, tenía constantes llamadas del campo, de mis técnicos, más las otras tareas que tenía en la oficina, organizar el almacén, coordinar la limpieza de equipos, revisar documentación de importaciones y exportaciones, etc. Muy rara vez tenía la oportunidad de salir a las 5 de la tarde, generalmente salía a las 6, 7, 8 o a veces 10 de la noche. Una tarde en que Adolfo estaba en una de sus reuniones con Juan y Gary, acabe mis tareas temprano como nunca, me encaminaba hacia la puerta y justo salieron ellos a tomar un descanso de su reunión, al verme Adolfo que yo me encaminaba hacia la puerta de salida; me llamo con desesperación: “Oye, oye, oye, a dónde vas?” yo le respondí: “a mi casa, ya termine por hoy” y el replico :”No te vayas, tengo que hablar contigo, no te vayas” meneando el dedo índice en forma negativa a medida que se alejaba para meterse de nuevo en la sala donde estaban reunidos. Tres horas después cuando volvieron a salir, me acerco a él y le pregunto: “Adolfo, ¿de que querías hablar conmigo?” y el poniendo cara de sorpresa, antes que saliera palabra alguna de su boca, moviendo la cabeza expresando negatividad, dijo: “¿Yo?…..nada…..nada” y luego se fue alejando de vuelta a la sala de reuniones.

Es más o menos Mayo de 1992, para ese entonces tenía trabajando desde 1984, 8 años casi redondos, hoy tengo casi 33 años trabajando y he conocido gente muy agradable para trabajar, gente que trabaja triste, gente que trabaja al borde de un ataque de nervios, gente que dice que trabaja, pero más es lo que descansan o navegan en el internet que lo que trabajan, gente complicada que es preferible mantener a distancia para que no afecte negativamente nuestro rendimiento, pero Adolfo no encaja en ninguna de estas categoría, definitivamente debe estar en algún extremo muy profundo donde se encuentran las personas que deberían trabajar sin compañía alguna, una persona que tiene problemas importantes en su personalidad, en su relación con los demás, que la hacen indeseable en grado sumo. En esos momentos provocaba rabia sus actitudes, pero hoy a la distancia, más bien inspira lastima, que un profesional talentoso como el, ya sea por azahares del destino, ya sea por la formación que recibió en su hogar o en su familia o tal vez algo que el trae en su ADN, provoque tal grado de repulsión en las personas que lo rodean cuando desarrolla una actividad. Me apenaría mucho que el lector confundiera mi descripción con resentimiento. La descripción no lleva resentimiento, es simplemente eso, una descripción, solo que para el caso del Cochero, siempre suena dramática, porque él era dramático.Continuara…

(*)Pablo Alcántara es Ingeniero Electrónico, especializado en el área de Instrumentación Industrial en Pozos de Exploración Petrolífera. Trabajó para Minero Perú en Cajamarquilla en 1983, luego desde 1984 hasta 1998 trabajo para Baker Hughes Inteq en todo el planeta; 12 años como Ingeniero de Mud Logging y 3 años como Ingeniero de MWD. A continuación desde 1998 hasta principios del 2007 se desempeñó como Sub Gerente del Departamento de Electrónica de Diversified Well Logging en New Orleans-Louisiana-EEUU. Finalmente en Febrero del 2007 fue contratado como Drilling Specialist en la Cia Sondex LP en Houston-Texas EEUU, donde trabaja a la fecha.

La Ingeniería Electrónica en todas las Ramas Industriales – Parte XXXI

Por Pablo Enrique Alcántara Vega*

Regrese a Maracaibo solo, mi familia llego unos días después. Adolfo me dijo que no me mudarían con mis pertenencias, que me comprara cosas nuevas en Venezuela, lo dijo con mucho desparpajo, lindando con el cinismo, como si mi pregunta que sugería que me mudaran con mis cosas desde Lima, le había ofendido. Un tiempo después supe que también habían mudado a un brasilero, al cual tampoco le pagaron la mudanza, pero también mudaron a dos ingleses, que ganaban más que nosotros, a ellos si les pagaron la mudanza, la renta y la escuela privada de los hijos.

El brasilero y yo tuvimos que enviar a nuestros hijos a la escuela pública, la estrategia de Adolfo era despreciable, pero a diferencia de otros gerentes en Latinoamérica que mostraban cierto nivel de remordimiento por ese trato desigual, Adolfo parecía disfrutar de la situación, estaba hecho para hacer el trabajo sucio, dudo que alguna vez por curiosidad revisara el diccionario para saber lo que significa la palabra dignidad, no tenía respeto por sí mismo, no le importaba que el personal que trataba con él lo despreciara. Como he mencionado antes, se me cruzo por la mente que tuviera algo personal conmigo, pero no, él nunca tuvo nada personal contra nadie en particular, era desleal, intimidante, abusivo y desalmado con todos, es decir el perfecto gerente para una operación satélite de mudlogging en Sudamérica.

En Maracaibo rentamos un apartamento espacioso, mi familia encontraba la casa inmensa, en Perú los apartamentos no son tan grandes. En la oficina empecé a conocer a los empleados. Entonces me di cuenta que la mayoría, sino todos eran ex empleados de una Compañía llamada Core-Lab, que Baker había comprado con equipos, personal y todo. Esta gente de Core-Lab no estaba contenta para nada con Baker, porque el trato era distinto al que tenían en Core-Lab.

Habían tres técnicos, Luis como de 50 años, colombiano, Elisaul 20 años, maracucho y Elvis también de 20 años y también maracucho. Luis hablaba abiertamente con ironía, deseándole lo peor a Baker en Venezuela, bastante ignorante Luis; los dos maracuchos veían al colombiano como su guía, ellos no tenían opinión, esto era un juego para ellos, eran muy irreverentes, no estaban interesados en aprender más, Luis los había adoctrinado a su manera y les hacía ver como que lo que él les había enseñado, era todo lo que necesitaban, así ellos hacían solo lo necesario, y si se podía, menos que eso. En efecto los jóvenes maracuchos habían aprendido todo de Luis, lo bueno y lo malo, les había enseñado el sistema de adquisición de datos, la filosofía de los sensores, los equipos de gas, etc., pero también les había trasmitido su ociosidad, su mediocridad, su tendencia a hacer lo mínimo y su negativismo.

Yo me sentía incómodo sin hacer nada, además necesitaba ocupar mi mente. La oficina estaba instalada en un caserón en el barrio Indio Mara, en la parte posterior había un patio inmenso con un inmenso manglar, abundan los manglares en Maracaibo. Vi que habían tirados en el piso, tubos de sensores de volumen de pileta, cables de todo tipo que parecían haber estado allí por mucho tiempo. Hice una lista de herramientas básicas para comprar. El gerente me autorizo y me envió con uno de los choferes, Machetico a una ferretería surtida.

Al llegar pude ver la mayoría de las herramientas que iba a pedir colgadas en muestrarios en la pared. Cuando nos llegó el turno, el empleado de mostrador, con evidentes ganas de no trabajar, me pregunto sin disimular su falta de apego al trabajo: “¿Que desea?”, yo replique: “necesito una escobilla de fierro”; “eso no tenemos chico” bramo el empleado; continúe: “también necesito un destornillador plano”, “eso tampoco tenemos chico” me contesto antes que yo terminara mi pedido, continúe: “ tendrá una llave stilson?” a lo cual él respondió: “eso tampoco tenemos chico”. Yo sonriente ante su cara de malestar del maracucho – malestar no porque no tuviera nada de lo que le estaba pidiendo, sino por tener que trabajar – le dije: “no puede ser amigo, las tres cosas que le he pedido, están colgadas en la pared” y se las señale. A lo cual, el empleado maracucho, ya enfadado, me replico: “Coño, eso se llama cepillo de alambre, el otro destornillador de pala y la otra se llama llave de tubo, chico”. Evidentemente al tipo este, no le interesaba vender ni hacer nada, y él se sentía en su derecho de hacerse el confundido, el ofendido o molesto para no hacer nada. Igual me lleve varias cosas, pero obviamente jamás regrese a ese lugar. Por el camino de vuelta a la oficina, le dije a Machetico que necesitaría ayuda por un par de horas para limpiar, ordenar y botar lo que haga falta, de las cosas que había en el patio trasero. Machetico me respondió como responde la mayoría de los maracuchos: “Coño, no te preocupéis, que a las dos de la tarde estoy allí contigo, chico, y matamos ese tigre chico” que entusiasmo, quede impresionado. Puro chamullo, Machetico nunca se apareció. Al día siguiente ni se disculpó, ni menciono el asunto.

La oficina tenía dos camionetas y tres choferes, me di cuenta que habían unas 4 personas, tal vez más que estaban allí para pagar algún favor a alguien. Renato se iba todas las mañanas a Tía Juana, a una hora y media de Maracaibo, donde se encontraban las oficinas de las empresas petroleras de PDVSA, la compañía estatal matriz de Venezuela. Por algún motivo extraño, Renato no podía ir solo a Tía Juana, tenía que ir con un chofer, Felipe. Quiero creer que el motivo que fuera Felipe siempre con él, era porque Renato tendría que agasajar a los de PDVSA a diario y por allí, pasado de rones, podría tener un accidente. En la oficina quedaban una camioneta y dos choferes Carlos y “Machetico” cuyo verdadero nombre era Nevil Espinosa, pero a él le gustaba que le dijeran “Machetico”.

Tom, el gerente técnico, estaba encargado de recibir todo el material que venía de Inglaterra para el armado de las 5 unidades A0. Entonces Tom me informo que las unidades no se parecerían en nada a las que yo había visto en Windsor, porque esas unidades estaban hechas para el Mar del Norte; en Venezuela casi todos los trabajos eran en tierra. El transformador principal no sería el mismo, la unidad misma no sería la misma, habían encargado a un constructor local el armado de la unidad. Las cosas que habían estado llegando desde Inglaterra estaban en un almacén en la parte trasera del caserón, protegidas por un enrejado y a cargo de un muchacho Argentino, Rolando Moschella, pariente de la esposa del Gerente General. Moschella era oriundo de la ciudad de Neuquen en Argentina y era un buen trabajador, al menos andaba ocupado todo el día, con lo caliente que es Maracaibo y lo subido de peso que estaba Rolando, a veces se le veía entrar a la oficina transpirando mucho, los pupilos de Luis, ya lo veían venir y adrede subían los pies encima de la mesa y estiraban su cuerpo en la silla en posición ociosa y decían cínicamente “¡Ay! Diosito lindo, que vida tan dura, chico” eso irritaba tremendamente a Rolando pues los técnicos no hacían nada más que sentarse y tomar café el día entero, el ejemplo de Luis. Rolando les increpaba que hicieran algo, y ellos se burlaban de el en su cara.

Una tarde cayo una tormenta eléctrica dura sobre Maracaibo, al regresar al apartamento, ya la tormenta había pasado, recorrí la sala, la casa parecía desierta, revise los dormitorios, cuando llegue a la recamara principal pude ver en una esquina a mi esposa con mis dos hijos acurrucados los tres con un síntoma de temor extremo. Ellos nunca habían pasado por una tormenta eléctrica, y estaban que se morían de miedo. Luego de explicarles empezaron a recuperarse. En Lima no se dan tormentas así. Por lo demás la familia se fue acostumbrando a vivir poco a poco en Maracaibo.

Por fin entregaron una de las unidades a la oficina, para empezar su construcción. Adolfo me informo que vendrían la semana siguiente Carlos desde Buenos Aires y Fernando Roberto desde Rio de Janeiro para ayudarme a armar la unidad. Ni bien llegaron empezaron las quejas, el brasilero comparaba todo con Rio de Janeiro, y constantemente decía lo bueno que es todo en Rio. Carlos no se quedaba atrás, preguntándome cuanto tardaríamos y que si era más de una semana que era “justo” para él, que la compañía le pague el pasaje a su novia para que se venga a Maracaibo a pasar unos días con él. La verdad no había fecha de terminación porque no todas las partes habían llegado y no se sabía exactamente que venía en cada envió, Tom tuvo la nefasta idea de asignarle la responsabilidad de ir al aeropuerto a averiguar detalles de los envíos al aeropuerto de La Chinita, nada más y nada menos que a Machetico. No pudo estar más inspirado Tom, porque se sabía que el tal Machetico se afanaba (robaba) todo lo que estuviera a la mano. La oficina había comprado algunas herramientas pesaditas, entre ellas una cortadora metálica, un día desapareció. Como estábamos en Maracaibo, nadie vio nada, nadie supo nada, aunque todos sabían que era Machetico, aun mas estando todos reunidos, cuando Tom le pregunto a Luis, quien la había usado antes que desapareciera, Luis cínicamente, sin decir palabra hizo un gesto con cabeza y boca, apuntándome a mí. Por supuesto no me quedo más que sonreír, evidentemente me encontraba metido en un nido de zorrillos.

Baker Venezuela ya había encargado una unidad A0 hecha en Inglaterra que llegaría pronto, pero se iría directo al taladro y tendríamos que instalarla, en un par de días para reemplazar una unidad antigua de CoreLab. Así mismo, se entrenaría a personal de campo para operar esta unidad A0.

Empecé a cobrar desde Houston, Tom me recomendó un banco donde hacer transacciones para recibir mis pagos en dólares allí; se encontraba en el barrio de La Limpia. El mismo Tom usaba ese banco también. Machetico se iba diario al Aeropuerto para agilizar la liberación de más equipos y partes venidos del Reino Unido. Cada tarde Machetico llegaba a la oficina, muy cerca de la hora de salida, simulando extremo cansancio y reportando a Tom, que gracias a su esfuerzo los equipos saldrían del aeropuerto pronto y que era imperativo que fuera también al día siguiente. Tom le concedía que se llevara la camioneta todo el día al aeropuerto. Una tarde después del almuerzo, Tom tuvo que ir al banco en La Limpia y al pasar por uno de esos centros comerciales, ve pasar a Machetico bien campante con la camioneta de la compañía con toda la familia metida en ella. Sin decirle nada, se regresó a la oficina, al llegar Machetico, como de costumbre muy cerca de la hora de salida y haciendo aspaviento que se había partido el alma el día entero luchando con la aduana para sacar los equipos, “Coño Tom, que esa gente es dura chico, pero ya los tenemos, mañana ya empiezan a salir los equipos, he estado el día entero allí para que me pararan bola, chico”. Tom despidió como correspondía a Machetico, aunque se supo después que el chorazo de Machetico se buscó un abogado y enjuicio a la compañía por no pagarle horas de sobretiempo, y gano. Ese Machetico tenía siete vidas.

Estando con Carlos y Fernando Roberto tratando de armar lo que pudiéramos en la nueva Unidad, Carlos me confió que había hablado con el gerente boliviano para traer a su novia por unos días y como se lo habían negado, que él tenía muchas tareas pendientes en Buenos Aires, y que tendría que irse pronto. Un par de días después, Tom me devolvió mi pasaporte indicándome que dado que no le quedaban muchas páginas disponibles, el tramitador de la Diex necesitaba que sacara yo un pasaporte nuevo para obtener la visa de trabajo. Tendría que ir al consulado Peruano en Caracas. Era Jueves en la tarde, les informe de esto a Carlos y Fernando; Carlos me dijo en tono de despedida, que para cuando yo vuelva, el tal vez se haya ido para Buenos Aires; yo le respondí que tal vez para el Lunes estaría de vuelta.

Cada mañana, al llegar al restaurant del hotel Delicias a desayunar, Fernando ya estaba allí esperando, charlábamos y había que llamar a Carlos a la habitación porque se quedaba dormido. Yo fingiendo la vos de Tom, con acento inglés-maracucho le decía: “Carlos, habla Tom, mira Pablo y Fernando ya se encuentran aquí en la oficina, a qué hora piensas venir tú?” y Carlos aun adormitado y confundido, se quedaba en silencio pensando en efecto que Tom lo estaba llamando desde la oficina. Luego yo, ya con mi voz le decía, con acento porteño: “¿que hacѐs boludo, venìs a desayunar?” a lo que el respondía: “ah sos vos peruca, ya, ya bajo en un minuto”. Ese dialogo se repetía casi a diario.

Paso el fin de semana, esto me lo conto Fernando unos días después; Carlos se estaba preparando para irse a La Chinita para regresarse a Buenos Aires y lo llama a la habitación el mismo Tom, porque necesitaba enviarle un sobre con información al soporte técnico en Buenos Aires, así al levantar el teléfono, Carlos escucha a Tom diciendo: “Carlos, habla Tom, mira, necesito que me lleves un sobre para Buenos Aires y…”, Carlos, pensando que era yo imitando la voz de Tom, lo interrumpe diciendo “ Peruca!! Que haces, a qué hora llegaste boludo”, Tom confundido le responde: “No Carlos, es Tom, mira ¿a qué hora sales tu para el aeropuerto?” y Carlos insistiendo: “Dejate de boludeces Peruca, ¿estas en la recepción?”. Continuara…

(*)Pablo Alcántara es Ingeniero Electrónico, especializado en el área de Instrumentación Industrial en Pozos de Exploración Petrolífera. Trabajó para Minero Perú en Cajamarquilla en 1983, luego desde 1984 hasta 1998 trabajo para Baker Hughes Inteq en todo el planeta; 12 años como Ingeniero de Mud Logging y 3 años como Ingeniero de MWD. A continuación desde 1998 hasta principios del 2007 se desempeñó como Sub Gerente del Departamento de Electrónica de Diversified Well Logging en New Orleans-Louisiana-EEUU. Finalmente en Febrero del 2007 fue contratado como Drilling Specialist en la Cia Sondex LP en Houston-Texas EEUU, donde trabaja a la fecha.

La Ingeniería Electrónica en todas las Ramas Industriales – Parte XXX

Por Pablo Enrique Alcántara Vega*

Regrese junto con un operador inglés, fuimos de Port Gentil a Libreville, de allí a Marsella, luego Paris y finalmente a Londres. Karim me esperaba, el egipcio era una gran persona, me presento a un Ingeniero de servicios italiano, Luca Pertili, original de Módena, una ciudad a mitad de camino de la carretera que comunica Parma con Bolonia. Me confió que a Luca no le agradaban mucho los ingleses y que muy seguramente haríamos buena amistad porque los dos éramos latinos. Karim me comentaba que él y Luca habían trabajado juntos en el campo, en el Mar Mediterráneo y en Somalia, donde también se habla italiano; además me aconsejo que estuviera más en contacto con él porque Luca había recibido un automóvil de la compañía.

Efectivamente Luca y yo hicimos buena química, yo hablaba un poco de italiano y eso a Luca le encantaba. Me presento a otros tres italianos que estaban haciendo el curso de operador Drillbyte, Pompeius Limongi, Carlo Prosperi y Gianluca Desideri, salimos por el centro de Londres, de compras, fuimos a una de esas librerías ostentosas en Oxford Circus, luego a una confitería a beber café y bocadillos. Se asombraban cuando les cantaba en italiano canciones clásicas de los Festivales de San Remo, entre 1966 y 1976 como, “il curore e uno zíngaro” (el corazón es un gitano); “un grande amore e niente piu” (un gran amor y nada más); “da troppo tempo” (desde hace tiempo), i giorni dell’arcoballeno” (los días del arco iris); “come le viole” (como violetas); “come hai fatto” (como has hecho), “E l’amore che muore” (el amor que muere) etc, que se quedaron en mi gusto musical como la mejor música de todos los tiempos.

Al pasar los años y perder contacto con esa música, creí que mi gusto musical había sido solo una ilusión, algo que solo a mí y a unos pocos encandilo; y veo hoy con beneplácito que estaba equivocado, porque ahora puedo no solo escuchar, sino ver retazos en Youtube de esos San Remos que marcaron mi época y que ha fascinado y sigue fascinando a miles de personas. Carlo Prosperi me regalo el San Remo de 1991 que lo tenía entre sus cosas. Cuando se fueron los tres italianos, Luca hizo planes para salir fuera de Londres con el automóvil que le había agenciado Karim. Escogimos Salisbury, al sur oeste de Londres, pasar por el Salisbury antiguo me hizo recordar las calles de Dover, descritas en las obras inmortales de Charles Dickens, como si en cualquier momento iba a aparecer David Copperfield cruzando la calle y encontrándose con su amigo, el Señor Micawber, y su cada vez más numerosa familia. Luego fuimos a un museo aeronáutico, donde vimos aviones y pertenencias capturadas por los soldados ingleses durante la guerra de las Malvinas y aun así nos quedó tiempo para visitar Stonehenge, uno de los monumentos más enigmáticos de la humanidad, el circo de piedras que nadie de seguro sabe quién instalo, como fue instalado o que propósito tenia. Espectacular Stonehenge, bloques de piedra de varias toneladas, alineados con gran precisión, para lo cual la ciencia no ha dado explicación satisfactoria. De regreso en Windsor, llegamos abatidos por el viaje, y al día siguiente fuimos al centro por tren y visitamos el barrio chino, se nos antojó comida china autentica.

El lunes temprano Karim me llevo al interior de una de las unidades A0 que estaba a medio construir; brevemente me explico la distribución de equipos y luego con una palmadita en la espalda, me deseo suerte en mi tarea de aprender todo lo referente a las instalaciones. Es que no había nadie que se encargara de entrenar a alguien, como armar una de esas unidades, el personal que estaba armando las unidades, ni siquiera eran empleados de Baker, eran dependientes de una compañía que Baker había contratado para hacer el cableado e instalar los equipos. Me di cuenta que tendría que inventarme yo mismo el curso.

En Diciembre cuando estaba recién de ida para el África, ya había tomado algunas notas, Así, las retome y empecé a desarrollarlas con más profundidad, instintivamente dividí toda la instalación en (1) el circuito de potencia que incluía toda las conexiones eléctricas, desde el transformador, los tomacorrientes, alimentación de los racks, alumbrado, aire acondicionado, Fuentes de alimentación ininterrumpida, (2) el circuito neumático empezando por el sistema de adquisición de muestras, la compresora, todas las mangueras del rack de los equipo de gas, el sistema automático para proveer de hidrogeno a los equipos así como el sistema de de-ionización del agua para usarse con los generadores de hidrogeno. (3) sistema de adquisición de datos, periféricos, sistemas computarizados, registradores, etc. Finalmente los sistemas de alarma y el panel de interrupción de la energía de la Unidad. Desarrolle poco a poco cada división, eventualmente me encontraba con detalles incompletos. Entonces iba al departamento de diseño, e intercambiaba información con ellos, que tampoco tenían todos los diagramas oficialmente completos. Un trabajo muy detallista, pero tenía tiempo y mucha motivación.

Una mañana me llamo Adolfo desde Houston, para hablarme de salario, no me quedaba alternativa, tendría que lidiar con el el tema del salario, acababa de ser nombrado gerente para Latinoamérica en al área de Trinidad y Tobago, Venezuela y México, tendríamos que sufrirlo, otra vez soportar su tono grave como que todo es de vida o muerte, su tendencia a intimidar, según el para lograr compromiso de la gente, su estrategia solo generaba incertidumbre, desazón, una sensación negativa que si das un paso en falso, ya estas con un pie en la calle. Que jodido que era tratar con “el cochero de Drácula” como “cariñosamente” le llamaban todos a sus espaldas. Trate que su mala influencia no afectara mi entusiasmo y mis ganas por superarme. Llego el fin de mes y cuando me acerque a la oficina de Karim con mi hoja de tiempo vacía, pues no sabía que cargar, Karim hizo algo que en mi imaginación me ponía de rodillas ante el para que me diera trabajo. Karim lleno todos los días que había estado en Windsor, incluyendo los fines de semana y feriados, como si hubiese estado en un taladro, es decir, me pago bonos de campo. No podía creer lo que estaba viendo, me hizo acordar el gesto de Mick, similar dos años antes en Port Gentil. Una situación así jamás me hubiese sucedido en Houston, menos aun teniendo a Adolfo en la oficina. Luca y yo seguimos saliendo a cuanto pub conocíamos, cuando todo esta pagado por la compañía se pasa muy bonito, por primera vez vi una Rockola con CDs.

Una mañana encontré en el departamento de Ingeniería a todos los ingenieros convocados por Karim, les ofreció el triple de lo que ganaban en Inglaterra más bonos dobles, por quedarse tres meses en Port Gentil; el motivo? Egan no soportaba más quedarse en Port Gentil, no duro ni un mes, se dijo en forma muy sutil que las “fiestecitas” de la novia de John, eran el motivo que Egan hubiera pedido que lo relevaran de su tarea. La reunión termino y ninguno se había ofrecido a pesar de la oferta de tres sueldos y bonos dobles.

Había juntado suficiente información, me sentía confiado que todo me iría bien, Llame a Dave para coordinar, pero él me pidió que coordinara con Adolfo, Me iba para el quinto mes sin ver a mi familia y Adolfo dijo, has el viaje Londres, Miami, Caracas, Maracaibo, allí te están esperando, te tramitaran la visa en unos días así podrás ir a Lima ya con tu visa y te será fácil conseguirle visa a tu familia. Me hizo llamar a Maracaibo y coordinar con la oficina local de Baker los detalles de mi llegada. Converse con Renato Villasmil, uno de los coordinadores adjuntos a la gerencia; con el inglés Tom Tyrrel que era el gerente técnico y con el gerente general, el boliviano Juan Aponte.

Fui al consulado Venezolano en Londres y conseguí una visa de turista. La mañana que me preparaba para salir, llame a mi esposa desde Heathrow, las monedas de libras esterlinas se iban una tras otra, hablando de planes con ella. Así cruce el Océano Atlántico una vez más con la esperanza de resolver lo de mi visa pronto y poder ir a Lima a recoger a mi familia y traerla a Maracaibo que es donde inicialmente se me dijo que viviría.

Largo el trayecto de Panam de Londres a Miami, y el Miami – Caracas también fue bastante pesado, fueron las dos últimas veces que viaje en Panam antes que desapareciera. Fui de Caracas a Maracaibo por Aeropostal, al llegar al Aeropuerto de La Chinita, Renato Villasmil, me esperaba, me explicaba que había no se que evento en la ciudad y todos los hoteles de categoría estaban llenos, me dejo en un hotel que se veía bastante informal, trate de dormir aquella noche, pero me costó mucho dormir con la bulla que hacían los parroquianos, me di cuenta que era un hotelucho. A la mañana siguiente pedí que me movieran a un hotel decente, me prometieron que me moverían esa misma tarde. El gerente general se veía una persona muy amable y seria, el me presento al asesor y abogado de Baker en Maracaibo, un colombiano llamado Víctor, el con hablar muy pausado me dijo que en una semana o dos me conseguiría la visa que solo necesitaba mi pasaporte. Les explique que ya me iba para los seis meses sin ver a mi familia. Pasaron las dos semanas y si yo no le pregunto, a pesar que Víctor me veía todos los días, él no me hubiese dicho nada; al preguntarle, respondió muy parco: “Ha habido unos pequeños problemas con el trámite, pero en 10 días más debe estar listo. Yo le explique: “Víctor, si tú me dices que esto va a tardar 3 meses más, yo hablo con mi familia, me preparo mentalmente y espero tres meses, pero si tú me dices que son 10 días, pues en diez días te voy a estar jodiendo”, el siempre con su semblante parco, muy tranquilo, dijo otra vez “diez días”.

Pasaron los 10 días, otra vez, Víctor pasaba frente a mí, me saludaba de lo más campante, y ni palabra alguna de la visa, otra vez, si yo no traigo el tema, el sigue hablando de otra cosa. Me volvió a decir que seguían esperando, y así me tuvo 10 días más, y luego dos semanas más y así. Ya habían pasado más de dos meses, le exigí que me llevara con su contacto, este era un abogado que trabajaba para la DIEX, la oficina de Dirección de Extranjería en Caracas, pero él vivía en Maracaibo, su despacho de lujo, me presente respetuosamente y le expuse mi situación de estar más de 7 meses alejado de mi familia; a lo cual el abogado de la DIEX nos miró a todos sorprendido y dirigiéndose a Víctor dijo “a mí nadie me dijo que esto era urgente” y Víctor, caradura, mantuvo su semblante parco, como si nadie hubiese dicho nada. Trate de no hablar con brusquedad, le pedí mi pasaporte y me despedí lo más respetuosamente posible de toda esa gentuza. Me fui para el hotel y le conté todo al Cochero, y mis sospechas más que fundadas que Víctor estaba haciendo negocio con Baker, porque le pidió un trámite normal al tipo de la DIEX, algo que se coimea con mil quinientos dólares, pero al momento de cobrar le pide a Baker 5,000 porque era un trámite urgente. Estaba claro como el agua. El Cochero me pidió que no me pusiera a los manotazos. Ahora que lo pienso con frialdad, no habrá sido una maquinación del Cochero?, es mejor dejarlo así.

Le informe a Adolfo que me estaba yendo a Lima y que iría al consulado Venezolano y que conseguiría la visa. Tenía que ir de todas maneras para renunciar a la oficina de Lima y recibir mi tiempo de servicio. Regrese a casa, no me daba cuenta que lo hacía por última vez, después de esa llegada solo volvería para visitar por vacaciones, no volvería a vivir en Lima. Volví a ver a mi familia después de más de siete meses, fuimos todos al consulado Venezolano en Lima, el Vice-cónsul nos concedió una audiencia, le explicamos lo de mi promoción y la necesidad de irnos todo para Venezuela, que necesitábamos visa de turismo para ingresar a Venezuela y que allá, los abogados de Baker se encargarían. El Vice cónsul nos felicitó y nos deseó buena suerte y el deseo que su tierra y su gente, nos pareciera agradable. Continuara…

(*)Pablo Alcántara es Ingeniero Electrónico, especializado en el área de Instrumentación Industrial en Pozos de Exploración Petrolífera. Trabajó para Minero Perú en Cajamarquilla en 1983, luego desde 1984 hasta 1998 trabajo para Baker Hughes Inteq en todo el planeta; 12 años como Ingeniero de Mud Logging y 3 años como Ingeniero de MWD. A continuación desde 1998 hasta principios del 2007 se desempeñó como Sub Gerente del Departamento de Electrónica de Diversified Well Logging en New Orleans-Louisiana-EEUU. Finalmente en Febrero del 2007 fue contratado como Drilling Specialist en la Cia Sondex LP en Houston-Texas EEUU, donde trabaja a la fecha.

La Ingeniería Electrónica en todas las Ramas Industriales – Parte XXIX

Por Pablo Enrique Alcántara Vega*

En esta segunda visita a Port Gentil, pude aprender más cosas de los equipos y de las unidades que en la primera visita, porque teníamos conectada en el patio, una unidad GEMDAS dada de baja, con todos los equipos corriendo, así cuando llegaba un equipo dañado podíamos no solo encontrar la falla sino dejar al equipo correr durante horas para cerciorarnos que la reparación era definitiva. Caminando por el taller de pronto mis ojos se paralizaron de terror, vi en una esquina las dos cajas de madera que contenían los dos sensores radioactivos para medir el peso del lodo, que yo había desinstalado dos años atrás. John me comento que él los había encontrado, efectivamente hacía dos años cuando el recién se instaló en Port Gentil. Entonces me di cuenta que después que yo me regrese a América en Diciembre de 1988, John hizo lo que ningún ingeniero ingles quería, es decir, acepto quedarse indefinidamente en Port Gentil.

Todo el tiempo que yo había estado ausente John se había quedado allí. Un tiempo después un hermano de John vino a visitarlo, con la consigna de convencerlo de regresar a Inglaterra; Akhrofee me había comentado también que John había recibido hasta dos propuestas de Baker en el último año para ocupar un cargo en Bergen, Noruega y en Copenhague, Dinamarca, pero que las había rechazado porque Mary no quería salir de Port Gentil. Era uno de los motivos que me alentaba a mudarme con Windsor, aquellos que destacaban eran promovidos sin mucho drama, había suficiente negocio para hacerlo. Me entere que uno de los operadores que yo había conocido en mi primera visita era ahora gerente en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, otro estaba en La Haya, Holanda y así. Recibimos un contador Geiger para medir la radioactividad que emanaba de las fuentes que conformaban los sensores y confirmamos que las fuentes estaban activas, ambas con el sello puesto volvían loca la aguja del Geiger a una distancia de 3 metros. El manual de los sensores del peso del lodo, decía que el Cesio que contenían las fuentes, era inofensivo, que era equivalente a la radiación que uno recibe cuando viaja por avión. Despues de ver esa aguja moviéndose, yo no estaba tan seguro de los consejos del manual. Trataba de mantenerme alejado de esas fuentes.

Por aquellos días, andaba yo preocupado por la situación en medio oriente, teniendo en cuenta que la población de Port Gentil era en su mayoría musulmana, yo temía que si se desataba la guerra entre los gringos e Irak, los musulmanes de Port Gentil podrían atacar a las compañías norteamericanas y por supuesto a los que trabajan para ellos, en apoyo a Sadam Hussein. No tenía muchos con quien hablar, le invite un par de cervezas a Akhrofee que tenía muchos amigos musulmanes en los barrios humildes de Port Gentil. Akhrofee no era mucho de beber, me acompañaba pero luego de un par de cervezas, se disculpaba diciendo que ya estaba satisfecho. Abordamos el tema, le pregunte directamente, el me aseguro que muchos musulmanes que vivían en Port Gentil estaban a la espera de contratos de trabajo en Arabia Saudita y que los saudíes son amigos de los norteamericanos y que jamás atacarían a sus compañías. También, ya en confianza le pregunte si él era musulmán, Akhrofee muy solemne me dijo, que él seguía las “antiguas tradiciones africanas”.

Me contaba Akhrofee que hacía más de un año que no veía a ni a sus esposa ni a sus dos hijos, que les escribía y les enviaba dinero y tenía un contrato pendiente con una compañía saudí y que estaba indefinidamente postergado por la amenaza de guerra en medio oriente, por eso cruzo la frontera y estuvo viviendo en Camerún trabajando en el negocio de la pesca por seis meses para aprender suficiente francés y así poder trabajar en petróleo en Gabón, pero no ganaba mucho trabajando para Baker, pero era mejor que no hacer nada en Ghana donde no había trabajo. Ambos estábamos alejados de nuestras familias buscando un mejor futuro para ellas, aunque en diferentes circunstancias. El ghanés era un buen amigo, después de varias charlas y varias cervezas nos volvimos camaradas. Íbamos al estadio a ver futbol, había una liga local cuyos equipos eran auspiciados por compañías petroleras como la Shell, la Exxon, la ELF, etc.

Me presento en la villa a varios de sus amigos musulmanes, ellos creían que yo era hindú; les invite ceviche, fuimos muy temprano en la mañana a Cap Lopez, una localidad al sur de Port Gentil, cuando llegamos vimos a varios mancebos negros de gran fuerza física recoger unos 70 metros de largo de una red de pesca metida unos 20 metros en el mar, muchos pescados habían quedado atrapados en la red. Tuvimos que esperar, habían otros compradores importantes que comprarían docenas de peces, en su mayoría era uno parecido al bonito peruano, de piel lisa, sin escamas, aunque un poco más alargado; llevamos uno, con el tamaño que tenía era suficiente. Nos fuimos a la villa, allí la esposa de uno de uno de los musulmanes, llamado Salomón que era de Guinea Ecuatorial, hablaba un poco de español, me facilito una carpa en medio del arenal, hecha de un par de sabanas blanquísimas. Hice ceviche suficiente y herví los huesos y la cabeza del bicho e hice un puchero. Espectacular, los musulmanes jamás habían comido ceviche, le echaron mayonesa, ya no les dije nada. Pero igual lo disfrutaron. Era muy curioso ver a Salomón de baja estatura al lado de su negra mucho más alta y corpulenta que él. La mujer negra se las rebusca, vi a muchas vendiendo helados caseros en la calle lo mismo que botellas usadas limpias de whisky llenas de un cacahuate de altísima calidad.

A mediados de Enero de 1991 recibimos una noticia buena pero triste a la vez, Mick había aceptado un cargo gerencial en Houston, Texas para vender y distribuir un producto llamado Dynabyte. Se quedaría unas semanas más, pero luego se iría de vacaciones y ya no volvería a Port Gentil, su lugar seria ocupado por un egipcio llamado Ahmed, que los egipcios pronuncian con mucha vehemencia “Ajjjmed”. Los amigos de Mick en Port Gentil organizaron una fiesta de despedida para él y su esposa Allison. El día de la despedida, salimos del staff house John, Mary y yo, por el camino John se detuvo a llenar el tanque, ellos hablaban solo en francés, pero yo les entendía en buena medida. Él le pregunto si quería algo de la tienda de la estación de servicio, ella replico que quería una cajetilla de Marlboro, al regresar, John le trajo una cajetilla de Gitanes, unos cigarrillos franceses muy populares, ella reacciono violentamente, tiro la cajetilla contra el parabrisas y lo grito delante mío reclamándole airadamente que ella, le había pedido Marlboro.

Súbitamente a las orejas de John se les subió el color rojo, estaba a punto de estallar, yo me hice el distraído, mirando por la ventana, ella venia en medio de los dos. Me di cuenta que ella también noto que John iba a reaccionar violentamente, John arranco la camioneta, masticando su bronca y ella, felinamente y endulzando su voz con media tonelada de miel, y acariciando su oreja derecha, le dijo: “qu’est-ce que nous allons faire a la maison ce soir cheri?” (¿Que vamos a hacer en la casa esta noche, mi amor?); esa simple frase derritió cualquier reacción de John, no había duda que ella lo tenía agarrado bien al pobre John, la verdad, lo sugestivo de la voz de Mary al momento de decir “ce soir cheri?” era un misil de sensualidad. Llegamos a la fiesta, mucha gente conocida de otras compañías también, Mary se quitó el sobretodo que traía y debajo tenía un vestido entalladísimo, lo cual automáticamente la convirtió en la preferida de la reunión, además la mayoría sino todos sabían de su actividad, y era una tentación para todos. John se sentía incómodo, que todos estén encima de su novia, y ella disfrutando de su popularidad. Había un diluvio de licores, y en el jardín habían instalado un tanque presurizado de cerveza inmenso con un gran un grifo cuello de cisne por donde salía la cerveza fresquecita y con gran cantidad de espuma, había que servirla con mucho cuidado, inclinando el vaso lo más posible, con mucha paciencia.

El grifo cuello de cisne era grande y estaba un poco alto, de modo que una persona menuda como Mary France cabía debajo de él. No sé qué le dio a Mary France por meterse debajo del cuello de cisne y textualmente se dio un baño con la cerveza, el traje se le pego más al cuerpo, y se le notaba aún más acentuado sus intimidades. Y ella feliz de llamar la atención. John ya no podía soportar más. Luego de un rato, ya cerca de la media noche, como vi que ni John, ni Mary se irían pronto, le pedí a alguien conocido para que me lleve al staff house. Llegue y me acosté, al día siguiente tenía que trabajar, me dormí, de pronto como a eso de las tres de la mañana escucho que llegan John y Mary, en una bronca terrible, el reclamándole no sé qué y ella gritando y llorando al mismo tiempo, un escándalo de proporciones, me puse mis tapones en los oídos y me desconecte de la realidad. Tuvieron varias broncas así, pero esa fue una de las más duras.

Al día siguiente, en el taller con Akhrofee solíamos bromearnos, por ejemplo el venia de la oficina de Mick, yo fingía que estaba respondiendo una llamada telefónica, diciendo “ Si señor, es una llamada de Ryad, Arabia Saudita, sí, señor, desea comunicarse con el Señor Akhrofee, un momento por favor” y Akhrofee con los ojos bien abiertos, pensando que lo llamaban los saudíes por lo del contrato, y al darse cuente de que era una broma, no se calentaba. Otro día, el hacía lo mismo conmigo, fingía una llamada de Houston para mí diciendo: “Si señor, llama Ud. desde Houston, ¿desea hablar con el señor Pablo?” y se reía, entonces me daba cuenta que me estaba mamando gallo (bromeando) como dicen los colombianos, facendo brincadera (como diría un carioca). Hasta que una tarde encuentro a Akhrofee haciendo el mismo sainete, y me pasa el teléfono, pensé que era otra de sus bromas y se la seguí, tomando la bocina y respondiendo la llamada y mis oídos que escuchan la voz de Dave Mills, el gerente para Latinoamérica, basado en Houston; saludándome y proponiéndome si quería hacerme cargo del departamento de Ingeniería en Maracaibo, Venezuela, lo deje que hablara hasta el final, yo solo quería saber si Baker me mudaría con mi familia. Él dijo que sí. Era lo que necesitaba para aceptar. Luego me explico, que si yo estaba de acuerdo, entonces coordinaría con Karim Loza en Windsor para enviar a alguien a Port Gentil para reemplazarme. Y que antes de volver a América tendría que pasar 2 meses en Inglaterra para aprender a armar las unidades A0, porque tendría que armar 5 de esas en Venezuela. Luego que le colgué, Akhrofee me preguntaba una y otra vez que estaba pasando, yo no me había recuperado del impacto, ya no tendría que jugarme con la gente de Windsor, había logrado sacar a mi familia de Perú, de la violencia, a un futuro mejor. Luego le conté todo a Akhrofee y él se alegró mucho por mí.

Pasaron aun unas cuantas semanas antes que Karim enviara a un Ingeniero joven a reemplazarme, Egan. El día que Egan llego, John hizo una fiesta de despedida para mí, en el staff house. Miraba a John y a Mary, una pareja complicada y me daba cuenta que ambos estaban juntos producto de una locura, distintas clase de locura, pero locura al fin. Entonces recordé unas palabras que tiempo atrás me habían conmovido mucho, una oración simple y sencilla que encierra una realidad transparente, cruel, pero reflexiva, su autor, un conocido dramaturgo, director, guionista y productor madrileño, Jacinto Benavente y Martínez, que entre otras citas que invento, dijo: “El amor es como el Quijote, cuando recupera la razón es porque se está muriendo”. Continuara…

(*)Pablo Alcántara es Ingeniero Electrónico, especializado en el área de Instrumentación Industrial en Pozos de Exploración Petrolífera. Trabajó para Minero Perú en Cajamarquilla en 1983, luego desde 1984 hasta 1998 trabajo para Baker Hughes Inteq en todo el planeta; 12 años como Ingeniero de Mud Logging y 3 años como Ingeniero de MWD. A continuación desde 1998 hasta principios del 2007 se desempeñó como Sub Gerente del Departamento de Electrónica de Diversified Well Logging en New Orleans-Louisiana-EEUU. Finalmente en Febrero del 2007 fue contratado como Drilling Specialist en la Cia Sondex LP en Houston-Texas EEUU, donde trabaja a la fecha.

La Ingeniería Electrónica en todas las Ramas Industriales – Parte XXVIII

Por Pablo Enrique Alcántara Vega*

Se hicieron las negociaciones entre la oficina de Houston y la oficina de Windsor, quedaron en que recibiría otra vez una asignación por seis meses, similar a la que había recibido en Junio de 1988 pero con una substancial mejora tanto en el salario como en los bonos. Mi pasaje de Lima – Londres – Lima correría por cuenta de la oficina de Houston, mientras que mi pasaje de Londres – Port Gentil – Londres lo pagaría Windsor. Dada la paupérrima operación que tenía Houston comparada con la operación de Windsor, fue casi natural aunque desagradable tener que buscar el pasaje más barato posible Lima – Londres – Lima a seis meses. Como siempre la eficiente agente de vuelos internacionales de Kinyo Travels, Gladys Nishimura, consiguió un Lima – Miami por Faucett y Miami – Londres por Panam pero tenía que quedarme en Miami desde las 7 de la mañana hasta las 6 de la tarde del mismo día, lo cual ameritaba obtener una visa en el consulado norteamericano. Yo jamás había pisado el consulado norteamericano. Pepito con ansia de muerte me suplico que consiguiera esa visa, para que la compañía se ahorre mil quinientos dólares. Yo fui con un aire muy desinteresado, me parecía ridículo que una compañía transnacional con oficinas en casi todo el planeta, lloriqueara por esa cantidad de dinero. Me daba lo mismo conseguirla o no, es más si no la conseguía, me hubiesen enviado como la primera vez, cómodamente en un vuelo de lujo de la KLM hasta Ámsterdam y de allí a Londres.

Cuando la gente va al consulado norteamericano porque en verdad tiene que ir por motivos de salud por ejemplo, o algún otro motivo noble, pues simplemente los nervios los traicionan y los desalmados asistentes de ventanilla del consulado, que están entrenados para rechazar la solicitud de visa a cualquiera que según ellos tenga un movimiento sospechoso; rechazaran abruptamente la visa y no tienen ningún reparo en vapulear al rechazado, quedándose graciosamente con el pago por la aplicación. Pues como yo no tenía ningún nerviosismo, respondí a sus preguntas sin reparo, sin interés, y me dieron una visa que consistía en los dos días que pasaría por Miami, de ida y de vuelta. Fue la única vez que tuve que ir al consulado norteamericano en Lima a pedir algo.

Me iba con la convicción que no volvería sino para despedirme, la experiencia de Angel me había motivado, la situación económica y política en Lima estaba aún muy mal, a pesar del cambio de Gobierno, además, tenía motivos personales importantes para sacar a mi familia de Lima. Al llegar a Miami, eran un poco más de las 6 de la mañana, estaba cansado, no es lo mismo viajar en Faucett que en KLM, pero me sobrepuse y guarde mi equipaje en un depósito con llave que el aeropuerto de Miami provee, tome un autobús hacia el centro de Miami. Me sentía tremendamente extraño, era la primera vez que pisaba suelo norteamericano, recuerdo que mi papa siempre me decía que yo acabaría yéndome a los Estados Unidos, y la Sra. Carla Bravo, la hermana de Sonia, también me lo había dicho, y ahora me encontraba allí. Me di mil vueltas por el centro, comí algo, me tome una cerveza, me tome unas cuantas fotos en el centro de Miami, vi muchas tiendas de todo lo que los turistas compran, atendidos por mucha gente latina de todas partes. Mucha gente habla español en Miami. Cuando me canse, a eso de las 2 de la tarde, tome el autobús de vuelta para el aeropuerto internacional de Miami, como siempre al menos 3 horas antes, aborde el vuelo de Panam.

Diez horas después estaba aterrizando en London – Heatrow, eran como las 9 de la mañana del día siguiente, llame al Slough Taxi que me llevo directo a la oficina. Allí me esperaba el Gerente de Ingeniería para Europa, África y Medio Oriente, el egipcio Karim Loza, mucho, pero mucho más simpático que su antecesor Ian Ryding. Karim me presento con el Gerente General, Ric Ashton, nada más y nada menos, la máxima autoridad en Baker en el Hemisferio Este, me encanto la sencillez de Ric, me conto que cuando aún era operador y gerente técnico había estado basado en Lima, y que era de la Republica de Sud-África. También me presento a varios ingenieros jóvenes, entre ellos Jeremy Horrabin y Martin Gigg. También me encontré con otros que había conocido en mis visitas anteriores hacía dos años y me asombraba que se acordaran de mi nombre. Karim me comento que no estaba claro cuando me iría para Port Gentil, porque el consulado Gabonés estaba cerrado y no había fecha de re-apertura, pero se esperaba que fuera durante esa semana. Al igual que yo estaban dos operadores que también estaban esperando visa. La compañía tenía los pasaportes y nos llamarían cuando estuvieran visados.

Mientras tanto note que se estaban construyendo las nuevas unidades Drillbyte para el Mar del Norte, la A0 y la A60, sin interrumpir pasaba ratos en el área de construcción y tomaba notas de la distribución de los equipos, el cableado y las mangueras. Baker Windsor me alojó en un bed & breakfast no muy lejos de la oficina, dentro de Windsor, era pleno invierno, se oscurecía a las 3:30 o 4 de la tarde y aclaraba pasadas las 9:30 de la mañana. Esperamos dos semanas por la visa, el Consulado Gabonés en Londres seguía cerrado, entonces Mick llamo desde Port Gentil diciendo que hiciéramos el vuelo Londres – Paris – Libreville, la capital Gabonesa donde un abogado nos tramitaría unos salvoconductos en la zona internacional, para poder ingresar a territorio Gabonés. Así sucedió, al llegar a Port Gentil, nos esperaban Mick, John a quien recién conocía, y apoyada sobre su hombro la jovencita gabonesa que me había llamado la atención en el aeropuerto de Port Gentil, dos años atrás, Mary France, que era la novia de John.

Al llegar a Port Gentil, me llevaron al staff house, un apartamento muy espacioso con dos dormitorios. John y Mary ya tenían el dormitorio principal y a mí me tocó la más pequeña, pero era muy espaciosa. John era muy joven y talentoso, se notaba a distancia que estaba loco por su “novia”. El staff house se encontraba en pleno centro de la ciudad, es un decir, la “ciudad” es como una isla y es muy pequeña. La oficina de Baker estaba en los embarcaderos, un poco lejos del centro. Varios cambios favorables. John me explico que la política de bonos nos aconsejaba que tomáramos las visitas al campo de manera intercalada, un mes el, luego un mes yo. Así ambos obtendríamos la mayor cantidad de bonos por mes, me pareció estupendo. En la nueva oficina, Mick tenía un pequeño despacho, mientras que John y yo teníamos un espacio grande bajo techo para hacer mantenimiento a los sensores pero sin aire acondicionado, lo cual era cruel pues la temperatura normal era de unos 42 grados centígrados.

Teníamos un asistente de color, un ghanes llamado Akhrofee; él hablaba perfectamente el inglés, era muy buen trabajador. Por algún motivo John y yo tuvimos un pequeño altercado, al parecer el hecho que yo no saliera a comer fuera, y que en vez de eso, yo cocinara, le hizo pensar que yo era un pichirri (tacaño o pijotero). Cuando me di cuenta le explique que mi asignación era solo por 6 meses y que no sabía qué pasaría después de eso, que mi salario en Perú era ridículo comparado con el salario que a él le depositaban en Inglaterra, y que yo no podía pagar en Port Gentil una cena típica equivalente a 350 dólares lo que en Perú vale 70. Yo había venido a ahorrar lo más que pudiera y si iba a cenar fuera en Port Gentil tres veces por semana, entonces no tenía sentido el sacrificio de abandonar a mi familia y haber venido a Port Gentil. Parece que entendió, pero como su mente pertenece a realidades distintas, tal vez se le cruzo por la mente que yo dramatizaba, pero no era así. Ahora como estos países de la costa occidental de África dependen económicamente de los países Europeos, si en Europa los precios se duplican con respecto a norteamerica, pues en líneas generales los precios en la Costa Occidental de África, se cuadriplican con respecto a los precios de norteamérica, nadie piensa en dólares en Port Gentil, es el franco francés el patrón. Por ejemplo una Coca Cola en lata que cara se paga a 1 dólar en norteamerica, en la costa occidental del Africa vale fácil el equivalente a 5 dólares.

Teníamos asignada una camioneta que John conducía cuando estaba en Port Gentil, cuando el salía costa afuera me la dejaba a mí. A la hora del almuerzo, veníamos al staff house, donde Mary recién se estaba despertando. Yo trataba de no estar en escena, una pareja ocupaba el apartamento y yo me sentía un poco incómodo, así calentaba mi almuerzo y lo llevaba a mi habitación, sintonizaba en mi radio multi-banda la radio exterior de España o la voz de los Estados Unidos desde Washington DC y almorzaba tranquilo. Así John y Mary tenían libertad de hacer lo que hacen las parejas que viven en unión libre. Akhrofee me entero que ella tenía dos hijos de otro compromiso que vivian con su abuela, la figura que tenía Mary así como su contextura la hacían pasar por una doncella de 18 a lo más 20 años, resultaba difícil creer que hubiera tenido hijos.

Cuando le tocaba a John irse costa afuera, Mary venía a cerciorarse, preguntándome en francés – ella no hablaba inglés – “Est John alle?” (Se fue John?) y yo le respondía “Oui, il alle” (Si, se fue), su siguiente pregunta era “Quand vient-il de retour ?’’ (Cuando Vuelve?) y yo respondía ‘’la semaine prochaine’’ (la semana que viene) a lo que ella respondía con un final ‘’merci’’ y se iba para volver a eso de las 6 de la tarde con amigos y amigas, trago, música, baile y fumadera a raudales, yo me encerraba en mi cuarto me ponía los tapones en los oídos y me dormía, no sabía que sucedía después o en que acababa eso.

Solo a Akhrofee le conté confidencialmente todo lo que pasaba en el staff house en cuanto John se marchaba costa afuera. Akhrofee me comento con reserva que las mujeres africanas creen en la posesión del hombre a través del fetiche, un muñeco que representa a la persona a poseer conteniendo cabellos o algo que le pertenezca a la “victima”, me hizo recordar a las películas de Alfred Hitchcock. Mientras me contaba, el ghanes se le veía alarmado, indignado casi asustado diría yo; y le pregunte con severidad porque carajo no me lo había contado antes, porque la tal Mary no estaba nada despreciable.

Luego pensé con sensatez y llegue a la conclusión que Akhrofee había exagerado un poco, hasta que una noche, yo encerrado en mi habitación, John costa afuera, escuche gente conversando en la sala del staff house y el inconfundible olor de la marihuana. Sentí que alguien toco la puerta, eran dos operadores de la compañía que estaban alojados en el Hotel Meridien a dos calles de allí y venían a proponerme para que los llevara a cenar con la camioneta. Mary me hablo a través de mi puerta diciendo que alguien me buscaba; cuando salí, los operadores estaban conversando con Mary y sus tres amigos en plena fumadera. Ellos me propusieron como era de esperarse dar una vuelta con la camioneta y cenar. Mientras cenábamos ellos me dijeron que para ese momento Mary y sus tres amigos ya deberían estar en el dormitorio de John disfrutando. Lo que me hizo recordar las palabras del ghanes. No hice comentario, pero efectivamente al volver al staff house el cuarteto había metido los parlantes del equipo de sonido que estaban en la sala, dentro del dormitorio de John, uno de ellos yacía en el piso boca arriba, evidentemente pasado de humo, Mary tratando de reanimarlo, fue solo unos instantes, otra vez me fui directo a mi habitación e ignore lo que había visto.

Con los años saco en conclusión que cuando estamos jóvenes, tanto muchachos como muchachas entregamos nuestros cuerpos a todas las actividades que se nos antoja, y nos hacemos los ofendidos con nuestros padres cuando ellos tratan de advertirnos los peligros de salir a correr viendo la realidad solo del lado que creemos que nos conviene y me doy cuenta que si no existiera el sentimiento, si no existiera el amor; pues sería “divertido” intercambiar caricias y todo lo que se pueda, sin ningún tipo de compromiso con todos los compañeras o compañeros que nos apetezca. Pero Dios puso el sentimiento y el amor en medio de todo ese intercambio; cuando uno mismo o alguno(a) con quien interactuamos, desarrolla el sentimiento, la diversión pasa a otro nivel, pasa a un nivel de compromiso consigo mismo de fidelidad, de ternura, de respeto, es lo que nos diferencia de los animales. Aunque también sucede que cuando nos invade el sentimiento, la diversión inicial pasa a alternar la dicha con el sufrimiento, pero eso es algo que los seres humanos simplemente no podemos evitar. Continuara…

(*)Pablo Alcántara es Ingeniero Electrónico, especializado en el área de Instrumentación Industrial en Pozos de Exploración Petrolífera. Trabajó para Minero Perú en Cajamarquilla en 1983, luego desde 1984 hasta 1998 trabajo para Baker Hughes Inteq en todo el planeta; 12 años como Ingeniero de Mud Logging y 3 años como Ingeniero de MWD. A continuación desde 1998 hasta principios del 2007 se desempeñó como Sub Gerente del Departamento de Electrónica de Diversified Well Logging en New Orleans-Louisiana-EEUU. Finalmente en Febrero del 2007 fue contratado como Drilling Specialist en la Cia Sondex LP en Houston-Texas EEUU, donde trabaja a la fecha.

La Ingeniería Electrónica en todas las Ramas Industriales – Parte XXVII

Por Pablo Enrique Alcántara Vega*

Al llegar a Argentina me sentía importante, me había ganado la confianza no solo de mis compañeros en el campo, sino también de la gerencia, alguna vez acababa de regresar de Malargüe, de visitar la unidad donde se encontraba Arturo Garofalo donde hubo que hacer varias reparaciones. Seguramente mientras yo viajaba por tierra de Malargüe a San Rafael y luego el vuelo a Buenos Aires, los reportes diarios hablaban de las soluciones que yo había hecho. Así al llegar a la oficina, le recordé a Eric que yo ya llevaba más de 35 días fuera de casa, y él con aire sonriente y juguetón, que no era común en el, dijo: “Ingeniero Ud. ya no se va de acá”, y dirigiéndose a Jorge, le dijo: “Jorge llamàle a José – mi gerente en Lima – que arregle para que la esposa de Pablo se venga a Buenos Aires a pasar unos días” y luego dirigiéndose a mí: Pablo vos, te quedàs acá, hablà con Adolfo, el pasó lo mismo que vos, decìle que te aconseje donde vivir aquí en Buenos Aires”.

Yo estaba sorprendido, pero me agradaba la idea de salir de Perú donde todo era violencia, escases, guerrilla y corrupción gubernamental. Había estado esperando esa oportunidad. Fui a la oficina de Adolfo – craso error – y le comente lo que su jefe me había comentado. Sin ocultar su enfado y con su inconfundible, inimitable, dramático e intimidatorio estilo, se quejó que fuera él quien me tenga que dar ese tipo de ayuda y finalmente con su mirada maligna e intimidatoria rubrico con un “Yo no estoy de acuerdo con que te vengas para acá”. Inmediatamente se me vino a la memoria las también intimidatorias palabras de Castellano, en la planta de Minero cuando recién empecé a trabajar; el mismo estilo destructor, el mismo cinismo para aparecer disgustado, el mismo aire manipulador, digno de una película de suspenso.

No voy a negar que no me decepciono su respuesta, es que recién estaba conociendo quien era quien en la compañía. Ante tanto abandono, me sobrepuse y me dije, si Eric en verdad quiere mi traslado y se lo autorizan, el me lo hará saber, y me enseñara números para ver si me conviene o no. Mientras seguiré con mi actividad como si nada sucediera. Esa charla nunca llego, ya sea que Eric no consiguió la autorización, ya sea que Adolfo metió su mano negra, o quizás porque se presagiaba un bajón en las operaciones, como en efecto ocurrió unos meses después, mi traslado a Argentina no se efectuó.

Regrese a Lima pero apenas unas semanas después, ya estaba de nuevo en Buenos Aires. Al ingresar a la oficina me recibe el Guillo que se encontraba trabajando en Argentina ante el bajón que tuvo la operación en Ecuador, espero el momento oportuno y se me acerco amenazante e histérico y me dijo: “ccha se lo que escribiste de mí, no seas hijo de puta”, y se fue; me imagino que se refería al reporte que hice por el asunto de Petro Canada.

A todas partes que yo iba, llevaba conmigo un folder con mis reportes, ya que ellos describían reparaciones que podrían serme útiles. Por supuesto allí estaba mi reporte de Petro Canada que tanto le dolió al Guillo, pero se ve que el Guillo no lo había leído, sino que alguien le comento, que yo había escrito contra él. Le hice una copia al reporte y lo lleve conmigo en mi bolsillo, en algún momento nos volveríamos a encontrar y se lo mostraría.

La oportunidad llego, nos asignaron a Fidel, al Guillo, dos loggers más y a mí para hacer una instalación en un pozo de la Petrolera San Jorge en Filo Morado. La Unidad había sido reconstruida en Buenos Aires, recuerdo a Rudolph y Carlos rompiéndose el alma para que quedara como a Eric le gustaba, mas Eric jamás preguntaba si los equipos de la unidad habían sido probados, él como vendedor, le ponía más atención a los detalles de la pintura, y la calidad del piso y la limpieza de las paredes. Así la unidad a veces no se iba con todo probado, como paso con la unidad de la Shell en Villa Minetti.

Recuerdo que el mismo día que la unidad se iba a subir al camión, Rudolph y Carlos notaron que al momento de ajustar los tornillos de los paneles frontales que los fijaban a la estructura, la pintura color crema se levantaba, los paneles estaban pintados originalmente con un acabado especial que aceptaban una capa nueva de pintura, pero no se agarraba de lleno a la superficie y se salía raspándola con la uña, peor aún al momento de apretar los tornillos. Se optó por ajustarlos lo justo para que no se levantara la pintura. El transportista de apellido Rissini, de barba negra espesa, se sabía todos los trucos de la ruta para llegar pronto al destino, en Filo Morado, Neuquen, cerca de Chos Malal, incluyendo los caminos sin asfaltar.

Al recibir la unidad en el taladro, antes de bajarla del camión, recuerdo que Fidel se trepo y abrió la puerta para echar una ojeada e hizo un gesto desconsolado y volvió a cerrar la puerta, pensé que estaba bromeando, cuando bajamos la unidad a tierra y abrimos la puerta, era un panorama desolador; casi todos los paneles estaban colgando; como los tornillos no fueron apretados, con la vibración del camión en el recorrido desde Buenos Aires, salieron volando o se destornillaron. Mangueras parcialmente cortadas, cables parcialmente cortados, equipos colgando del frente, pusimos todo como debía estar y energizamos la unidad. Varios equipos no funcionaban.

Era un momento de pánico, el Guillo encaro a Fidel que era el capitán de la Unidad, diciéndole que conmigo no era suficiente para reparar la unidad y airadamente sugirió que se llamara a otro ingeniero. Fidel lo puso en su lugar con la frase “prefiero un Pablo antes que 7 de otro nombre”, el Guillo insistió, esta vez opinando abiertamente que no confiaba en mí. Entonces yo intervine y le informe a Fidel porque Guillo no confiaba en mí, y de inmediato saque el reporte de Petro Canada y se lo puse al Guillo frente a él y le dije: “Este es el reporte que escribí de Petro Canada donde te menciono a ti; dime en mi cara, que parte del reporte, es mentira”

Entonces me di cuenta que el Guillo jamás había leído el reporte, alguien se lo conto a su manera; luego de leerlo, el Guillo dijo: “No, no hay mentiras, lo que me jode es que lo relatas con ironía y sarcasmo”. Que lo haya escrito en barroco o en estilo bizantino es irrelevante, lo que importa es que fui fiel a la verdad, no invente nada para perjudicar a nadie, nunca fue mi estilo, ahora la verdad perjudicaba al Guillo, pero yo no podía hacer nada por eso, yo tenía que hacer el reporte basado en lo que vi. Entre Fidel y Yo reparamos todo lo que había que reparar en dos días, fue otra hazaña que hicimos juntos y que reforzó aún más nuestra amistad personal. Me encanto tener de compañero a Fidel y poder contarlo ahora. Me devolví a Buenos Aires y de allí a Lima, llegue justo a tiempo para pasar la Navidad un 24 de Diciembre.

Pasadas las fiestas de fin de año, ya de vuelta en Buenos Aires, me encontré con la noticia de que Adolfo había sido transferido a Houston, en su lugar había quedado Gerardo Loidi, también llamado Tommy o Pupeto. Tommy era muy ocurrente, cuando le pregunte por Adolfo, me dice: “Vos no sabes qué problema se armó cuando se fue el negro (Adolfo), vieras que una parte de los empleados, decían que NO y otra parte decían que SI” aludiendo al plebiscito realizado al General Augusto Pinochet para sacarlo del poder en Chile, cosa que había ocurrido, no mucho tiempo atrás. Yo algo confundido, le pregunto: “Como es eso del NO, y del SI”, y Tommy dice: “Unos decían que NO se quedara y los otros decían que SI se fuera”. Tommy tenía siempre los comentarios precisos para la hilaridad.

Para poder aumentar la tarifa de las unidades standard se recurrió a cargar un programa nuevo de modo que se podría instalar una computadora que pudiera tomar datos on-line. Así también se planeó reemplazar las antiguas computadoras de propósito especial, las HP2108, que ya estaban obsoletas, Houston envió las instrucciones los programas, las tarjetas de interface con el hardware, entonces asignaron a Tommy y a Carlos, que ya había vuelto de Chile, a un pozo cerca de Tartagal. Era un pozo de la Texaco, los peruanos Jorge Soto y Juan Palacios eran parte de la tripulación. Yo me encargaría del rig up. Sin embargo Tommy y yo íbamos a todas partes, ya que al segundo día, Carlos encontró un motivo para regresarse a Buenos Aires.

Carlos era un excelente Ingeniero pero no se bancaba el campo más de dos días, le daba el síndrome del pozo y se rajaba so pretexto que tenía trabajo atrasado en Buenos Aires. Tommy simplemente no pudo hacer el cambio. Para entonces, Adolfo ya había sido transferido a Houston para apoyar a Dave, un Ingeniero ingles que reemplazo a Felipe, cuando debido a su enfermedad este ya no pudo continuar con sus funciones. Cuando Felipe falleció, Adolfo quedo prácticamente encargado de la operación de Sud América porque Dave no hablaba español. Si como un simple gerente técnico, Adolfo, se tomaba atribuciones que no le correspondían y era un castigo trabajar en su entorno, pues como quasi gerente regional fue como cuando Hitler fue nombrado canciller del General Von Hindenburg antes de la segunda guerra mundial, aunque Dave no lo dejo crecer todo lo que su corrosiva mente hubiese querido desarrollar, pero eso no fue motivo para no acrecentar su bien ganada fama de insoportable. Adolfo nunca tuvo problemas personales con nadie, era insoportable por mayoría de votos, casi por unanimidad diría yo y los que faltaron para completar el 100% fueron la parte del personal que nunca trabajo con él, para su fortuna.

Durante esta visita tuvimos ocasión de visitar Yacuiba, un pueblito que se encuentra del otro lado de la frontera en territorio boliviano, muy cerca de Tartagal. Es lindo Tartagal, como en todo el territorio Argentino la calidad de la carne de res es impecable, era la segunda vez que venía, y cuando me dirigía en el autobús camino a la ciudad de Salta, capital de la provincia del mismo nombre, sentí un extraño presentimiento, de que no volvería a Argentina en mucho tiempo. De Salta viaje a Buenos Aires donde me esperaba mi última aventura de esa visita, otro pozo donde estaba Fidel, en Neuquen, con la Unidad 231 que como no se llegó a usar en el Chirete fue reasignado con Fidel.

Trabajar con Fidel era placentero, lleno de confianza y efectividad. Sabía que Rudolph se encontraba también en el área, pero al igual que Carlos, no se bancaba mucho tiempo en el pozo, se había ido a la Ciudad de Neuquen en busca de repuestos, llego al depósito en Neuquen justo cuando el transportista estaba bajando una unidad standard del camión, no había alrededor ninguno de los operadores que habían trabajado en esa unidad como sugerían las normas de seguridad de la compañía.

El transportista no quiso esperar y empezó a bajar la unidad, con tan mala leche que se le rompió una cadena que sostenía un extremo de la unidad y la unidad se cayó al piso desde un par de metros de altura. En ese momento llegaron los operadores, entre ellos mi amigo del alma Frank Matute, Rudolph salió disparado al teléfono para darle la primicia a Jorge, los operadores fueron tras de él. Al levantar el fono, histéricamente Rudolph le dice a Jorge: “Che Jorge, se partió, se rompió!” a lo que Jorge respondió ya también alterado: “Que se partió, que se rompió y quien habla?” la conversación histérica continuo con un :”Soy ccho, Rudolph, la unidad standard de caccho del camión” y Jorge: “ Y que carajo haces vos en Neuquen, Ccho te pago para que estés en el pozo, y en este momento te regresás para accha, y me pasas con el capitán de la Unidad”; Matute se puso al teléfono y luego de escuchar las puteadas de Jorge, le respondió al estilo venezolano y de manera irreverente: “Entonces como es la cosa pue”; Jorge se puso al borde del infarto, no estaba acostumbrado a que le contesten y al borde del desmayo le dijo “ CCho te voy a enseñar cómo es la cosa”.

Cuando volví a Buenos Aires me encontré con Frank en la recepción del hotel Victory y caminamos hasta Córdova un par de calles y nos tomamos un par de Quilmes de etiqueta dorada mientras me contaba los detalles. También me conto que después de eso no esperaba que lo volvieran a llamar, pero que no importaba pues toda la operación de Argentina se encaminaba a un bajón, efectivamente pasaron 4 semanas y no me llamaron, era Julio de 1990. Me di cuenta que tendría que volver a usar mis contactos en Windsor. Para los últimos días de Noviembre de 1990 Pepito me anuncio que Mick Hottgest me había vuelto a pedir desde Gabón, en la Costa Occidental del Africa, por seis meses. Continuara…

(*)Pablo Alcántara es Ingeniero Electrónico, especializado en el área de Instrumentación Industrial en Pozos de Exploración Petrolífera. Trabajó para Minero Perú en Cajamarquilla en 1983, luego desde 1984 hasta 1998 trabajo para Baker Hughes Inteq en todo el planeta; 12 años como Ingeniero de Mud Logging y 3 años como Ingeniero de MWD. A continuación desde 1998 hasta principios del 2007 se desempeñó como Sub Gerente del Departamento de Electrónica de Diversified Well Logging en New Orleans-Louisiana-EEUU. Finalmente en Febrero del 2007 fue contratado como Drilling Specialist en la Cia Sondex LP en Houston-Texas EEUU, donde trabaja a la fecha.

La Ingeniería Electrónica en todas las Ramas Industriales – Parte XXVI

Por Pablo Enrique Alcántara Vega*

Estaba yendo tan seguido a Buenos Aires que ya me sentía como en casa, los retos se sucedían uno tras otro, pero a pesar que tenía dudas, en el fondo me sentía confiado, mientras viajaba a Buenos Aires me preguntaba si solucionaría todos los problemas técnicos que se me presentarían; y cuando iba de vuelta para Lima, sentía una enorme satisfacción al haber cubierto y excedido las expectativas.

Alguna vez llegue a la oficina en el piso 14 de Maipu al 1300 y no encontré ni a Rudolph ni a Carlos en la oficinita de Ingeniería, Jorge para variar estaba prendido del teléfono, se lo preguntaría después, tome asiento y me puse a leer algún manual, escuchaba el ruido característico de la radio que estaba instalada en esa oficina, de pronto escucho una voz familiar diciendo “Buenos Aires, Buenos Aires, para 177”; era Juan Trzebinski, “ el polaco”; tome el micrófono y respondí: “177, 177 para Buenos Aires”, y se ve que así como para mi estaba claro que el que llamaba era el polaco, para él, mi acento era inconfundible, porque dijo: “Como andás Pablo, mirá, se encontrará Eric (el gerente) por allí?”.

Mientras lo escuchaba veía el teléfono ejecutivo indicando el anexo de Eric encendido, síntoma que se encontraba ocupado, le respondo al polaco:” Mirá Juan, en estos momentos su anexo está ocupado, pero en cuanto se libere, deseás que le de algún mensaje tuccho (ya para entonces yo hablaba como un porteño cualquiera)?”, el polaco con su acento desinteresado, como que si se tratara de una noticia trivial dijo:” Yyyyyy nada, decíle que a partir de la media noche de hoy quedamos desafectados”.

Pasaron unos minutos y luego que observe que el anexo de Eric se había apagado, le llame y le comente: “Eric, hace unos minutos llamo Juan de la 177 para informar que a partir de la medianoche de hoy van a quedar desafectados. . . Eric. . . Eric. . .” Se hizo silencio, de pronto entro Eric con Jorge a los empujones, invadiendo nuestra pequeña oficina, Eric tomo el micrófono de la radio y con la histeria al 101% comenzó a vociferar: “Juan, me escuchás, tenés que desarmar la unidad cuanto antes porque tenemos que llevarla para el Chirete (otra locación con otro pozo) cambio”, del otro lado se escuchó otra vez la voz desinteresada y confundida del polaco diciendo “ No, no se copia nada, no se copia nada, quien habla de ese lado che”; Eric insistiendo con el mismo mensaje, ahora aún más desesperado, y el polaco respondiendo:” No, no se copia nada, no se copia nada, sos vos Jorge?” Eric al borde del cortocircuito neuronal, salió de la oficina gritando: ”Lidia (su secretaria), Lidia, pasáme con Astrafor (la Petrolera donde se encontraba la unidad del polaco), inmediatamente”; mientras Jorge, que estaba un poco menos histérico, es un decir, lo que sucede es que cualquier velocidad era pequeña comparada con la que tenía Eric; tomo el micrófono y transmitió: “Lo que Eric quiere saber, es cuanto te puedes tardar en desarmar la unidad, cambio”, el polaco seguía insistiendo en lo mismo: “No, hay mucha interferencia, no se copia nada” de pronto en medio de tanto desentendimiento se escuchó una tercera voz, también de acento inconfundible para mi, diciendo con marcado acento cordobés: “Buenooos Aires, Buenooos Aires para cientooo cinco”, era Hernán Lanza Castelli diciendo: “Escuuuuchame Jorge, Yo copio peeerfectamente a Juan y también a vos, deeejame que le eeeexplique a Juan, lo que le eeeestas preguuuuntando”; así Hernán le explico a Juan el pedido de Jorge, a lo que el polaco responde: “Yyyyy, no sé, tendría que hablar con la gente de Astra, que se chho, 4 o 5 días”, en ese momento, Jorge no pudo retener la frustración y dijo, al estilo porteño: “chho lo mato”. Que drama, luego Hernán ofreció llevar personal que el tenia de sobra en el Chirete donde se encontraba su unidad a la unidad de Juan para ayudar a desarmarla más rápida y eficientemente.

Pasaron un par de días para que yo entendiera toda la figura de lo que estaba sucediendo. Para empezar, Carlos se encontraba en Chile atendiendo un llamado de la Unidad 170 si mal no recuerdo que se encontraba en un pozo de la Hunt Oil en algún lugar de la Cordillera de los Andes Chilena a unas 2 horas y monedas de la ciudad de Calama, Rudolph se encontraba en la 105 con Hernán y otros más.

Todo comenzó cuando habiendo ganado el trabajo con PlusPetrol en el Chirete, con el servicio completo, no se disponía en Argentina de una unidad como esa para instalar. La operación de Brasil, tenía una, pero había que importarla. Eric y Jorge contactaron a Rogelio, gerente de Brasil, el mismo Rogelio con quien me tocó trabajar en Perú en la navidad y año nuevo de 1984. Llegaron a un acuerdo para hacer llegar la unidad 231 desde Brasil hasta el Chirete a tiempo.

Se hizo el plan de llevarla por tierra, pero sucedieron retrasos imprevistos por un lado y el inicio del pozo se adelantó, Jorge y Eric no tuvieron más remedio que enviar temporalmente una unidad alternativa menos sofisticada y disculparse con PlusPetrol con la promesa que en cuanto se dispusiera de una unidad similar a la prometida, se llevaría al Chirete para reemplazar la unidad alternativa, por eso se enviaron 2 personas más para hacer turno y monitorear manualmente las temperaturas y los pesos del lodo y se añadió a Rudolph para que instale la nueva unidad en cuanto llegue. El fin del servicio de la Unidad del polaco venía a dar una solución más temprana al asunto de allí la desesperación de Eric.

Efectivamente se hizo el cambio y así Rudolph pudo volver a Buenos Aires. El polaco no quedo muy contento porque el informe final del pozo de Astrafor tuvo que hacerlo en la oficina nuestra en vez de hacerlo en el pozo, donde si cobraba unos pesos más por hacerlo.

En otra misión fui enviado a Rio Gallegos junto con Carlos “el Puma Descarregas”, el Gallego Molina y un muchacho ecuatoriano. Transcurrían los primeros días de Febrero de 1990 por suerte era verano, a esas latitudes, en invierno, todo está cubierto de nieve y hielo, pero entonces el hielo y la nieve se habían derretido. Rentamos un Renault 12 y viajamos unas cuantas horas hacia el oeste, camino a un pueblo turístico para la estación, llamado El Calafate.

El Puma tenía las instrucciones como llegar al pozo, mas no se veía la torre de perforación, preguntamos en los pueblitos vecinos y se nos dijo que habían visto camiones llevando equipo hacia un determinado lugar. Seguimos la huella y llegamos a la locación del pozo y vimos porque no se veía la torre de perforación a simple vista, la torre se encontraba a medio armar horizontal sobre el piso y esperando partes para terminarla de armar, el representante de la YPF Argentina estimo al menos 2 semanas antes de empezar a perforar, ya que los equipos faltantes se encontraban en Comodoro Rivadavia, donde se venía desarrollando un paro de trabajadores de YPF.

Rio Gallegos está a más de 3 horas de vuelo desde Buenos Aires. Nos dirigimos al Calafate y en su reporte a Jorge, el Puma dijo que la estimación era de unos 7 a 10 días, ya que si hubiese dicho 2 semanas o más, muy probablemente nos hubiesen devuelto a Buenos Aires. En cambio, con el mensaje que dio el Puma, Jorge nos permitió quedarnos y pasar al menos 2 semanas de vacaciones en el Calafate y sus alrededores. Hicimos de todo, desde un asado al pie de un riachuelo de aguas cristalinas derretidas de los glaciares cercanos, hasta la visita al impresionante glaciar Perito Moreno, una atracción turística que uno no se puede perder, nos tomamos fotos al pie de icebergs que la corriente había arrastrado hasta la orilla en uno de los brazos de los Lagos Argentinos. La indescriptible belleza natural de un área bendecida por la naturaleza. En las noches cenábamos en el restaurant del hotel, donde me envicie con una entrada que yo jamás había probado, la he visto en otros restaurants en otros países, se llama vitel tonѐ.

Esta entrada consiste de dos o tres rodajas de peceto, lo que en Perú, llamamos asado, con una crema encima, agria con leche y otros condimentos y un par de rodajitas de pepino curtido, una delicia. Ahora gracias al internet se puede buscar fácilmente y ver el peceto y el vitel tonѐ con mucha facilidad.

Qué vida que nos dimos esas dos semanas. Una noche ya después de la cena, al filo de las 10 de la noche al pasar por la recepción del hotel, vimos al encargado preparándose para ver una pelea de box por el título de los pesos completos entre el entonces imbatible Mike Tyson y el retador, el escurridizo James “Buster” Douglas. Entonces la pregunta no era si Tyson ganaría, sino en que vuelta noquearía a su oponente. Todos se fueron a dormir agotados de haber chivateado todo el día, menos el Puma y yo. Mientras se desarrollaba la ceremonia protocolar antes de la pelea, el Puma me pregunta: “Negro, te tomàs un Tía María” y yo le pregunto: “Y eso que es”, el Puma me responde: “Vos tomà nomas Negrito que te va a gustar”. Accedí, el encargado nos trajo dos copas grandes con un líquido parecido al café con leche y unos hielitos flotando, y vaya que si es agradable, es un bajativo.

Disfrutamos las tres primeras vueltas y Buster Douglas le resistía los embates a Tyson, pero en nuestra mente estaba que en cualquier momento Douglas se iría al piso; craso error, la pelea siguió hasta el décimo asalto y Douglas seguía en pie y atacando, en la vuelta doce, Tyson estuvo al borde del knock out, para entonces ya nos habíamos acabado una botella entera de Tía María.

Al terminar la última vuelta, Buster Douglas consiguió un resultado histórico de vencer por decisión unánime al hasta entonces invencible Mike Tyson. Unos días después nos hicimos cargo de la instalación de los equipos en el pozo, todo trivial y exitoso, pero esas dos semanas en el Calafate y sus alrededores quedara como uno de los eventos más inesperadamente excitantes que jamás me haya ocurrido. Hoy al ver las fotografías que guardo de ese evento, han pasado más de 25 años y me parece que fue ayer. Cuando se recuerdan las cosas lindas que a uno le suceden en la vida, siente que valió la pena vivir, valió la pena tener fe. Continuara…

(*)Pablo Alcántara es Ingeniero Electrónico, especializado en el área de Instrumentación Industrial en Pozos de Exploración Petrolífera. Trabajó para Minero Perú en Cajamarquilla en 1983, luego desde 1984 hasta 1998 trabajo para Baker Hughes Inteq en todo el planeta; 12 años como Ingeniero de Mud Logging y 3 años como Ingeniero de MWD. A continuación desde 1998 hasta principios del 2007 se desempeñó como Sub Gerente del Departamento de Electrónica de Diversified Well Logging en New Orleans-Louisiana-EEUU. Finalmente en Febrero del 2007 fue contratado como Drilling Specialist en la Cia Sondex LP en Houston-Texas EEUU, donde trabaja a la fecha.